Capítulo 1.

15K 405 21

Puse un pie en el departamento pensando en pasar toda la tarde tirada en la cama, tomando café y mirando alguna serie en Netflix.

Dejé mi bolso sobre el sillón y caminé hasta el baño para quitarme todo el maquillaje de la cara. Até mi pelo en una cola alta. Soné mi cuello mientras caminaba hasta la habitación para ponerme ropa cómoda.

Justo en ese momento, el timbre sonó.

Cerré los ojos y miré el techo, ¿es qué no podía tener un momento tranquila?

Abrí la puerta con mi mejor cara de cansada, esperando espantar a quién sea estuviera del otro lado.

—Hola, hermosa —dijo adentrándose y, apenas lo vi, supe que todos mis planes estaban arruinados.

—Hey, David, no sabía que venías —lo saludé inquieta, extrañada de verlo allí.

David manejaba todas mis cosas pero nunca había venido hasta mi departamento para comunicarme sobre alguna entrevista o una sesión de fotos.

Tenía ya un mes viviendo en Miami. Él me había manejado siempre, desde Buenos Aires. Gracias a él pertenecía hoy a Next Management. Estas últimas semanas habían sido buenas. Algunas entrevistas en revistas de moda y mujeres. Nada wow, todavía. Su visita me provocaba ansias.

—Yo tampoco sabía que venía —carcajeó y lo miré intrigada.

— ¿Pasó algo? —indagué.

—Oh, no. Bueno, sí. ¿Viste esto? —curioseó, sacó su Ipad y me lo estiró.

Leí: "¿Quién es la nueva y misteriosa chica de Julián Serrano?"

Arqueé una ceja, ¿qué le pasaba a estos estúpidos periodistas? Me lo había cruzado hace unos días en un evento. Cómo buenos argentinos, nuestro saludo había sido un poco más efusivo que el resto.

— ¿Qué es esto?

—Una nota. Bastante mala, por cierto. —dijo y asentí, totalmente de acuerdo con él, mientras leía el subtítulo: "se mostraron acaramelados durante la tarde..."

—Veo, ¿esto querías mostrarme?

—No. Lo que quería mostrarte eran los comentarios —comentó poniéndose a mi lado.

Tocó la pantalla del Ipad para mostrarme algunos. Wow, la gente estaba realmente loca. Había unos miles ahí, hablando sobre nosotros y sacando conclusiones estúpidas.

—Su representante, Paul, me contactó esta mañana. Julián está teniendo algunos altibajos con la prensa —levanté una ceja, sin entender a dónde pretendía llegar—. Digamos qué el chico anda un poco-bastante hormonal... y, según él, esa actitud de mujeriego no le está jugando a favor.

—Sí, ¿y eso a mí me interesa porqué...? —pregunté sin vueltas.

—Mira esos comentarios, Oriana. Un saludo, una sonrisa, ¡y la gente ya los ama! Sería ideal que sean visto juntos, al menos unas veces más. Él limpiará sus sábanas, bueno...al menos públicamente, y vos serías reconocida en el público local.

Me tomé unos segundos para procesar la información.

— ¿Vos me estás pidiendo qué yo salga con este pibe por prensa, para tener más publicidad? —chillé.

—Sí, Ori, te estoy proponiendo qué tengan una relación por marketing.

Tomé aire. ¿Es que, en serio, estás cosas existían en la vida real? ¿La gente necesitaba seguir fingiendo amor para vender más?

—No puedo creerlo.

— ¿Qué cosa?

— ¡Esto! ¡Qué me estés proponiendo esto! —estaba alterada.

Él sonrió tranquilo.

—Estas cosas son más comunes en la industria de lo qué te imaginas. Todo tiene un beneficio, claramente.

—Me parece que no me trae ningún beneficio. Al contrario, ¿me tendría que fumar a todas esas fanáticas desquiciadas? Oh, no, amigo, estás equivocado. No voy a meterme en ese terreno —dije levantando mis brazos para dirigirme hacia la cocina. Lo escuché venir detrás de mí.

— ¿Ningún beneficio? —indagó irónico y me tiró su celular casi por la cabeza. Lo tomé en el aire.

—Una nota en una revista local. Una, solo sobre un saludo y un encuentro espontáneo. Mira la cantidad de e-mail para contactarte que me llegaron —miré anonadada el celular, ¡hasta había un e-mail de la revista People!—. Un simple beso en el cachete...imagina cómo sería todo con un agarrón de manos, una cena afuera, paparazzis, ¡photoshoots juntos! —gritó entusiasmado. Sus ojos realmente brillaban al imaginarse el ingreso que provocaría todo esto—. Piénsalo, al menos.

Negué con mi cabeza mientras le devolvía el celular y giraba para prepararme un café.

—No hay nada que pensar.

Fijé mi mirada en la cafetera, no quería ni siquiera mirarlo. Sentí un largo suspiro, sus pasos, y luego el portazo.

¿Fingir una relación? ¿En qué cabeza cabe? Que poca moral, que poco corazón. No todo esto era publicidad y dinero dentro de la industria, ¿o sí?

Fake¡Lee esta historia GRATIS!