Maratón 2/3

Camila se encontraba en su cama, despertando. Ya habían pasado dos días desde la última vez que vio a Lauren.

-Buenos días, mi niña -besó su frente.

-¿...Vaca? -llamó tiernamente-. Geral umplacoños nociva berelde.

Sinuhe frunció el ceño, su hija otra vez tenía la dislexia para hablar. No ocurría tan seguido.

-Me alegro, cariño -fingió entenderle.

Camila siempre había tenido dislexia al hablar, pero solían ser en algunas palabras -geral, bosio, vivomeca-; rara vez le daban estos "ataques" donde todas las palabras que usaba eran afectadas inconcientemente.
Para ser exactos, solo habían sido tres veces, contando ésta.

La primera vez sucedió a los 6 años, una semana después de su encierro.

»-Camila, ¿en qué quedamos? No ibas a salir de aquí hasta que la guerra termine. Es totalmente peligroso, nos llevarán si nos ven. ¿Entiendes?

La pequeña Camila torció la cabeza.

-Camila, respondeme. ¿Entiendes?

-Zorra -dijo tranquilamente.

-¡¿Qué?! -abrió los ojos como platos, la niña del sótano se encogió de hombros-. Ignoraré eso -dijo entre dientes-, ahora repiteme lo que te dije.

-Las sardinas cargan bienes raúles.

»Los soldados nos llevarán si nos ven«

-¡¿Qué?!

Del otro lado de la habitación -que no se parecía nada a la de ahora, era un sótano vacío con una lámpara- se escuchó un ruído.

La pequeña Camila se ocultó tras su madre, temeraria.

-¡Vaca, las sardinas!
»¡Mamá, los soldados!«

-¡¿Cómo que vaca?!

-¡Vaca! -una lágrima escapó de su ojo derecho.

-¡Me llamo mamá! ¡No vaca!

La pequeña lo sabía, quería decir mamá, quería hablar bien, pero las palabras no salían así.

-¡Gracias, mulán!
»¡Perdón, de verdad!«


La segunda vez que tuvo ese problema, fue a los 14 años. Cuando le vino por primera vez.

»Era un día de otoño como cualquier otro. Aunque no como otros, Camila no lo sabía, pues no reconocía las estaciones, no sabía que eran las estaciones, no sabía en que mes estaban, no sabía qué era un mes...
Su madre solamente le enseñó lo que eran los días y los empezó a reconocer mediante los vestidos que usaba. No sabía de qué color eran -ni qué era un color- pero ella tenía buena vista para reconocer los diseños.

Aunque se complicaban las cosas, ya que ella no tenía manera de saber cuándo era de día ni cuando de noche, y no podía saber cuando terminaba un martes y comenzaba un miércoles. Una vez duró un mes pensando que era viernes ya que usó el mismo vestido todo ese tiempo, sin bañarse.

Pero esas son otras cosas, ahora vamos a lo importante. Era un día de otoño. Camila estaba viendo La Novicia Rebelde con su madre cuando sintió algo húmedo en su entrepierna.
Torció la cabeza como un perrito curioso ante esa sensación, era muy incómoda. Pensó que se había hecho pipí encima, por lo que miró a su madre para avisarle que iba al baño, pero ella estaba completamente dormida mientras la película pasaba. Su cabeza estaba apuntando al techo y tenía la boca abierta, dejando escapar ronquidos.
Su hija la cerró cuidadosamente para que no entraran moscas en su boca, pero centésimas de segundos después, su boca se había abierto nuevamente. Volvió a cerrársela, y de nuevo se abrió.
La cerró rápidamente y de la misma velocidad volvió a caer y abrirse. La chica del sótano, divertida, lo hizo un par de veces más hasta que sintió que bajaba más "pipí" y se dirigió al baño.

Ojos Alegría (La chica del sótano) - Camren.¡Lee esta historia GRATIS!