❝Después de un mes en un campamento de ciencias con Dustin, Will Byers regresa ansioso por retomar sus partidas de Dungeons & Dragons y pasar tiempo con sus amigos. Sin embargo, en el sótano de los Wheeler, hay una cara nueva: Jake Blake, un chico q...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
CHAPTER NINETEEN.
❝"grupo nerd".❞ strange things — season three | acto one.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Al entrar en su habitación, se movió con pasos lentos para no ser escuchado en la habitación de a lado, que era de su padre. Dejó caer la mochila a cerca de la puerta y caminó hasta el colchón, desplomándose sobre él con un suspiro largo y profundamente pesado. Solo necesitaba cerrar los ojos para que los momentos de las últimas horas regresarán a su mente con una claridad abrumadora, y el deseó que volverlo a repetir.
Sus besos con Will, era el paraíso.
Sintió un vuelco violento en el pecho. Su corazón se aceleraba cada vez que la imagen de aquel castaño de ojos color olivo se instalaba en su memoria.
Eran novios.
Realmente lo eran. No había hecho falta una declaración formal, llena de palabras rebuscadas o discursos extensos; para ellos, el permiso de besarse con aquella entrega y la libertad de explorarse sin miedo, centímetro a centímetro, había sido una confirmación más que suficiente.
Para Jake, bastaba con cerrar los ojos para revivirlo todo de nuevo: la curva perfecta de la sonrisa de Will iluminando su rostro, o la sensación de sus suspiros entrecortados escapando contra su oído cada vez que se atrevía a dejar un beso sobre el pequeño lunar en el cuello de su novio. Esas pequeñas reacciones, tan íntimas y únicas, le gritaban que lo que tenían era real.
Lo tenía para él, y esa sola certeza era jodidamente suficiente.
Se giró sobre el colchón hasta quedar tumbado boca arriba, dejando que su mirada se perdiera en el techo con una tranquilidad que no recordaba haber sentido jamás en tantos meses. En la penumbra de su cuarto, una sonrisa se dibujó en sus labios de forma involuntaria; era el reflejo de un silencio que, por primera vez, no le resultaba pesado, sino acogedor.