Cuando Olivia Whitmore llega a Derry junto a su madre y su hermano mayor, solo quiere pasar desapercibida y sobrevivir al aburrido verano en un pueblo que parece detenido en el tiempo. Pero Derry no es un lugar común, y pronto descubrirá que algo os...
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𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝐎𝐍𝐄
El zumbido del final de clases era ensordecedor. No me molesté en unirme al caos del pasillo; preferí quedarme en mi asiento, sumergida en las páginas de mi libro. La estampida de estudiantes siempre me pareció innecesaria. Esperé a que el bullicio disminuyera antes de siquiera considerar levantarme.
Cuando finalmente salí del aula, el eco de voces y risas aún resonaba en los pasillos casi vacíos. Al llegar al rellano de las escaleras, la escena frente a mí me detuvo en seco. Henry Bowers y su séquito de matones tenían acorralados a un grupo de chicos, por supuesto mas pequeños que él, oh si, Henry Bowers y su grupo de gorilas habían reprobado.
La sangre me hirvió. No soportaba ver a nadie abusando de su poder. Normalmente, me mantendría al margen, pero algo en la vulnerabilidad de esos chicos me impulsó a actuar.
-¡Déjenlos en paz, Bowers! -grité, bajando las escaleras a toda prisa.
Henry se giró, con el rostro deformado por la sorpresa y algo más... ¿decepción? Al parecer desde que puse un pie en Derry le guste al gorila sin cerebro mayor. Sus ojos se suavizaron un instante antes de volver a endurecerse.
-Olivia -murmuró-. Esto no es asunto tuyo.
-Claro que lo es -repliqué, plantándome frente a los chicos-. No voy a permitir que sigas acosando a estos chicos.
La mirada de Henry se ensombreció. Sabía que no me tenía miedo a mí, sino a mi hermano Oliver.
-Esta vez te salvaste, Denbrough -escupió Henry, antes de dirigirme una mirada cargada de rencor-. Pero el verano será largo. Tu y sus amigos maricas sufrirán.
Con una última mirada amenazante, Henry y su pandilla se alejaron, dejándonos a los cinco en silencio. Me giré hacia los chicos, sintiendo una mezcla de alivio y nerviosismo.
-¿Están bien? -pregunté.
Los chicos parecían atónitos. El primero en reaccionar fue Bill.
-S-sí, gracias, Olivia -tartamudeó.
Los demás asintieron, aún visiblemente sacudidos. Un chico con gafas grandes y una camiseta llamativa me miró con curiosidad.
-¿Cómo es que sabes su nombre, Bill? -preguntó.
Fruncí el ceño, confundida.
-¿Nos conocemos?
Bill carraspeó, con las mejillas ligeramente sonrojadas.
-Cho-chocamos el primer día que llegaste a Derry, c-creo que a-acababas de ir a hacer unas co-compras que -t-te ma-mando t-tu m-mamá-explicó-. A-además co-compartimos algunas cl-cla-clases.
Lo observé con atención, tratando de recordar. Su rostro me resultaba vagamente familiar, pero no lograba ubicarlo.
-Lo siento, no te recuerdo -admití, sintiéndome un poco culpable.
-No-no importa -respondió Bill, con una sonrisa tímida-. Yo soy Bill, él es Stanley, él es Eddie, y él es Richie.
Richie, el chico de las gafas, me dedicó una sonrisa descarada.
-Un placer conocer a nuestra salvadora -dijo con un guiño.
Les devolví la sonrisa, sintiendo una conexión extraña con este grupo de marginados. Tal vez este verano en Derry no sería tan aburrido después de todo.
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