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El aire de febrero sopla un poco más fuerte hoy

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El aire de febrero sopla un poco más fuerte hoy. El viento se cuela por la bufanda mientras cierro la puerta de casa y miro hacia la calle. Todo está cubierto por una capa fina de hielo.

Mi tía me espera junto al marco de la puerta. Tiene las manos metidas en los bolsillos del abrigo y esa mirada que dice que no debo sentir culpa por irme.

—Tu papá va a estar bien, Catalina —me repite por tercera vez—. Ya se levanta solo y come bien... solo necesita reposar.

—Lo sé —le digo, aunque mis dedos tiemblan sobre el pomo de la puerta—. Es que me cuesta dejarlo.

—No lo estás dejando —responde—. Solo estás aprendiendo a vivir mientras él sana.

Detrás de ella, desde el sillón, alcanzo a ver a mi papá dormido. Hace semanas que lo dieron de alta, pero aún se ve débil.

—Anda, no los hagas esperar —dice mi tía, dándome un empujoncito suave.

Markie está frente al volante, con los guantes puestos y las mejillas rojas por el frío. Detrás, David acomoda una bolsa en el baúl de su nuevo auto. Leo salta de un lado a otro, casi explotando de emoción. Mañana cumple catorce, y este viaje al concierto es su regalo.

Steven se cruza de brazos junto a nosotros, mirando su motocicleta cubierta con una lona en la entrada de la casa.

—No puedo creer que no me dejen llevarla —protesta.

—Estás loco si crees que vas a manejar eso en febrero —le dice Evelin, con el ceño fruncido—. ¿Quieres terminar congelado en la carretera?

—Es Canadá, no el infierno —responde Steven, pero todos lo ignoramos.

David le da una palmada en el hombro.

—La motocicleta se queda aquí. Fin de la discusión.

Steven finge indignación, pero sonríe igual.

En el auto de David irán una chica y dos chicos más del grupo de jóvenes, los mismos con los que ensayamos a veces después de los servicios en la iglesia.

Subo al auto de Markie. El asiento está helado, y el motor tarda en encender. Por la ventana alcanzo a ver a mi tía saludándome con la mano. Mi papá, desde el sillón, levanta apenas la cabeza cuando paso frente a la ventana. Ese gesto pequeño me basta.

La calle está medio cubierta de nieve, y las luces del vecindario parecen suspendidas en el aire. Y por un momento, todo parece tan normal que me cuesta creer que hace unos meses no podía ni imaginar esto.

Markie baja el volumen y me mira de reojo.

—¿Lista para salir del nido? —pregunta, sonriendo.

—No estoy segura —respondo.

Steven todavía protesta.

—Podría haber traído la motocicleta, Mark, en serio.

Markie lo mira por el retrovisor.

CDUCP 1: Confesiones de una fe quebrantada...🌿✏️📖Where stories live. Discover now