☘️_43_☘️

91 17 0
                                        

No sé cuánto tiempo ha pasado

Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.

No sé cuánto tiempo ha pasado. El reloj del pasillo dice algo así como las once. Steven fue por café hace un rato, o al menos eso creo. Yo solo miro las luces del techo, una por una, como si contarlas me mantuviera viva.

Cuando vuelve, ya no sé si decirle algo o fingir que estoy bien. Pero ni lo uno ni lo otro me sale. Me limito a mover los labios, y él entiende.

No me habla. Solo se sienta a mi lado y deja que mis manos tiemblen.

No quiero llorar, pero empiezo a hacerlo igual. Y me da vergüenza, porque está ahí. Sus brazos son torpes, temblorosos, pero me dejan quedarme ahí, escondida, hasta que por fin puedo respirar un poco.

Pasa una hora. O una eternidad. No lo sé.

Cuando levanto la cabeza, el pastor Alexander está sentado frente a nosotros. No sé cuándo llegó. Tal vez hace unos minutos, tal vez ha estado ahì siempre y apenas me doy cuenta. Tiene los ojos enrojecidos y las manos entrelazadas como si estuviera orando sin voz.

Ninguno de nosotros habla.

De pronto, escucho pasos firmes, un tono seco y una voz que pregunta:

—¿Familiares del señor Caleb Tremblay?

Mi nombre se queda atascado en la garganta. Siento que Steven se pone de pie, el pastor Alexander avanza un poco y que todo a mi alrededor se hunde.

Yo solo puedo quedarme ahí, mirando mis rodillas, temiendo que lo siguiente que diga el médico sea lo que he estado evitando imaginar desde que llegué.

No recuerdo exactamente cuándo dejó de tener sentido todo. Las voces se empezaron a mezclar, como si cada palabra viniera desde muy lejos, detrás de un vidrio. Intento parpadear, pero mis ojos ya estaban abiertos. O eso creo.

Escucho a alguien decir mi nombre, primero suave, luego más fuerte, pero no sé si me habla a mí o a otra Cata que se quedó sentada en esa sala.

Hay un punto donde el aire se espesa y mi mente se apaga. Vuelvo a oír la voz de mi madre, tan clara que me duele: «Cierra los ojos, Catalinita, y descansa.»

Quiero responderle, decirle que no puedo, que tengo miedo, que papá... que él...

Pero ella ya no está.

Le pregunto a Dios —o eso creo— si todo esto es un castigo o una prueba, si se cansó de escucharme, si de verdad está ahí. A veces siento que sí, que me rodea. Pero otras veces no siento nada, solo un eco hueco que repite mi nombre y luego se disuelve.

Hay luces. Rostros que cambian. Un murmullo que me arrastra.

A ratos veo a Steven, al pastor, luego a Markie y David mirándome con una preocupación que no entiendo si es real o un recuerdo fabricado.

Alguien me toma del brazo, me cubre con una manta, me pide que respire, que lo intente.

Y luego nada.

CDUCP 1: Confesiones de una fe quebrantada...🌿✏️📖Where stories live. Discover now