Cuando Olivia Whitmore llega a Derry junto a su madre y su hermano mayor, solo quiere pasar desapercibida y sobrevivir al aburrido verano en un pueblo que parece detenido en el tiempo. Pero Derry no es un lugar común, y pronto descubrirá que algo os...
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𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝐒𝐄𝐕𝐄𝐍
Una llamada llegó temprano, demasiado temprano para un día que se suponía normal.
Cassandra y Oliver habían salido a trabajar, dejando a la menor de los Whitmore sola en casa.
Olivia estaba sentada en la mesa del comedor, girando distraídamente una cucharita dentro de su plato de cereal, cuando el teléfono sonó. El ruido la hizo dar un pequeño brinco. Dudó un segundo antes de contestar.
—¿Hola?
—O-Olivia… s-soy y-yo.
La voz de Bill sonaba apurada, tensa.
—¿Bill? ¿Pasa algo?
—B-Bev q-quiere que v-vayamos a s-su a-apartamento. D-dice que e-es i-importante. N-no p-puede e-explicarlo.
Olivia sintió ese nudo familiar en el estómago. El mismo que había sentido la noche anterior.
—Está bien —respondió—. Voy para allá.
Eso bastó. Olivia no hizo preguntas. Colgó el teléfono, se levantó de la silla y se dirigió a su cuarto, fue directo al clóset. Sacó la mochila y, tras dudar apenas un segundo, deslizó dentro el bate con clavos de su hermano. El peso familiar del objeto la tranquilizó más de lo que le gustaría admitir.
Cuando salió de su casa, Bill ya la estaba esperando, el chico le hizo señas para que subiera a la parte trasera de la bicicleta y así lo hizo, se acomodo la mochila y su patineta. Después de unos minutos los demás chicos se unieron a ellos.
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Al acercarse a los departamentos, Olivia vio como Beverly bajaba las escaleras con prisa, sin detenerse, el rostro pálido y la mandíbula apretada. Eddie y Stan venían detrás, discutiendo como siempre.
—Se tarda mucho por el callejón —se quejó Eddie.
—No, por el callejón es más rápido —replicó Stan.
—Es más peligroso
—¿Por qué es más peligroso?
—Huele a orina y es un asco. Ve por las calles laterales.
—Ay, qué horror —respondió Stan—. Las calles laterales son iguales. Huelen a mierda y orina.
—Oye, oye, por favor dime exactamente lo que dijo —exigió Eddie.
—No dijo nada —contestó Stan—. Solo dijo que ustedes deben darse prisa.
Cuando estuvieron todos juntos, Beverly habló sin rodeos.
—Llegaron.
Los miró uno por uno, como si necesitara asegurarse de que de verdad estában ahí.