𝟎𝟔

376 51 10
                                        

                              𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝐒𝐈𝐗

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


                              𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝐒𝐈𝐗




El sol comenzaba a secarles la piel cuando los chicos salieron del agua, riendo, empujándose, todavía con el corazón acelerado por los saltos.

Beverly fue la primera en alejarse a unos pocos metros de dónde estaban sentados los chicos.

Extendió su toalla, dejó la radio portátil a un lado y, tras unos segundos de estática, empezó a sonar música.

Una canción cálida, de esas que parecían hechas para el verano.

Bev se acostó boca arriba, cruzó una pierna sobre la otra y se puso las gafas de sol. Cerró los ojos como si el mundo pudiera esperar.

Durante unos segundos, nadie dijo nada.

Bill, Eddie, Stan, Richie, Ben… incluso Olivia, la observaban sin disimulo.

El cabello rojo de Beverly brillaba bajo el sol como fuego quieto.

De pronto, Bev giró ligeramente la cabeza.

Todos desviaron la mirada al mismo tiempo.

—que sutiles —murmuró Olivia, rodando los ojos.

Richie, que nunca sabía quedarse quieto, ya estaba hurgando en la mochila de Ben.

—¡Noticias, Ben! —gritó—. ¡Estamos de vacaciones!

Hizo como si sostuviera un micrófono imaginario.

—¿Quién te envió esto?

Sacó una postal.

Ben reaccionó de inmediato, arrebatándosela.

—¡Nadie! ¡Dámelo! Nadie —repitió, guardándola de vuelta con torpeza.

—Ajá —Richie no parecía convencido.

Metió la mano otra vez y sacó una carpeta gruesa. La abrió, hojeando.

—¿Y este proyecto de historia?

Ben se encogió de hombros.

—Es que… cuando me mudé aquí no conocía a nadie con quien salir —explicó—. Y empecé a ir a la biblioteca.

Richie lo miró horrorizado.

—¿Ibas a la biblioteca? ¿A propósito?

Sacudió la cabeza.

—Dios, ¿qué tienen tú y Zanahoria con los libros?

—¡Oye! —Olivia abrió la boca, ofendida—. Habemos personas cultas que sí sabemos leer.

—Ja-ja, qué graciosa, Zanahoria.

—Es parte de mi encanto —respondió ella, guiñándole un ojo.

𝐂𝐄𝐍𝐈𝐙𝐀𝐒 𝐃𝐄𝐋 𝐏𝐀𝐒𝐀𝐃𝐎| Bill Denbrough Donde viven las historias. Descúbrelo ahora