𝟎𝟓

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𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝐅𝐈𝐕𝐄

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𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝐅𝐈𝐕𝐄




El amanecer llegó lento a Derry, como si el sol dudara en iluminar una ciudad donde las sombras sabían demasiado. Olivia abrió los ojos antes de que sonara su alarma; había pasado buena parte de la noche dando vueltas, despertando con la sensación de que algo la observaba desde la ventana.

En cada sueño había escuchado la misma voz:
Oliiiiviaaaa…

Pero nunca vio al dueño.

Bajó a desayunar con ojeras suaves y cabello despeinado. Su madre estaba preparando panqueques, mientras tarareaba una canción de los 80 que siempre ponía cuando estaba de buen humor. Oliver hojeaba un periódico viejo, intentando distraerse.

La normalidad de su casa era una burbuja segura. Una burbuja que Olivia agradecía.
Cuando terminó subió a su cuarto a cambiarse la pijama por un pantalón de mezclilla y una camisa de rayas.

El sonido de una bicicleta deteniéndose frente a la casa sacó a Olivia de su cuarto. Se asomó por la ventana y lo vio: Bill Denbrough, con una mano en el manubrio y la otra acomodándose el cabello, nervioso como siempre que tenía que tocar una puerta.

—Ya voy —murmuró, tomando sus tenis.
Antes de que pudiera bajar el último escalón, la puerta principal se abrió.

—¿Buscas a mi hermana? —preguntó Oliver, apoyándose con naturalidad en el marco, brazos cruzados, observando a Bill con una mezcla de curiosidad y protección.
Bill tragó saliva.

—S-sí. V-amos a l-la cantera.

Oliver lo evaluó un segundo más de lo necesario. Luego sonrió de lado.

—Que vuelva a las siete. Soy Oliver por cierto.

—S-sí, Oliver. L-lo prometo.

Olivia apareció detrás de él, empujándolo suavemente con el hombro.

—No soy una niña, Oli.

—Nunca dije que lo fueras —respondió él—. Pero sigue siendo Derry.

Bill bajó la mirada, incómodo. Olivia notó el gesto y, sin pensarlo, dio un paso adelante.

—Vamos, Denbrough.

Se subió a la parte trasera de la bicicleta y sujetó la mochila con una mano, la otra apoyada con cuidado en la espalda de Bill. No lo abrazó del todo. Nunca lo hacía. Era una cercanía medida, respetuosa, pero suficiente para que él pedalease con más seguridad.

El camino fue silencioso. Solo el crujir de la grava y el viento golpeándoles el rostro.

—G-gracias —dijo Bill de pronto.

—¿Por qué?

—P-por v-venir.

Olivia sonrió, apoyando la barbilla un segundo en su hombro.

𝐂𝐄𝐍𝐈𝐙𝐀𝐒 𝐃𝐄𝐋 𝐏𝐀𝐒𝐀𝐃𝐎| Bill Denbrough Donde viven las historias. Descúbrelo ahora