[02]

1.8K 209 6
                                                  

Eventualmente se va dejando impregnar por un entorno que no le corresponde; las risas alegres que rompen el lugar, los comentarios amistosos y la comida abundante que corre de un lado a otro en un pequeño departamento que pareciera ser el bar más grande de la ciudad.

Y él ahí con su infinidad pequeña, la desdicha de sentirse demasiado a gusto en un ambiente que debería eludir para no generar esos lazos invisibles que unen a la gente común; que los atan como presidiaros de un corazón en común, condenándolo a la desgracia.

Él no quiere romper ese corazón; no su corazón.

Se permite llevar de la mano, con la sonrisa tirante en los labios, los monstruos del nerviosismo trepándole las piernas y dejando gruesas marcas en sus pantorrillas que no desaparecerán por días. Le molesta la familiaridad de todos, como lo abrazan, como besan sus mejillas pálidas y lo tratan tal cual familia; siendo aceptado, aprobado por ese estrecho círculo amistoso que más parece un núcleo familiar. Lo están empujando hacia dentro y él quiere salir.

Insiste en su toque una, dos ,tres, cuatro, siete veces para recibir la sonrisa de respuesta, el cálido "solo un momento más", la angustia de arrancar cual bello espécimen de su entorno natural, egoístamente para arrástralo a su supernova de oscuridad.

Un beso de despedida, una mirada azul desconcertada y su mano cálida presionando los huesos de la muñeca derecha, rogándole con las pecas la estadía, unos minutos más, una eternidad allí.

Nuevamente no puede hacerlo.

Arranca entre la oscuridad de la noche, con los pasos pesados y la respiración apretada; intenta fundir su propia oscuridad con la noche pero no pareciera conseguirlo, él siempre le encuentra a donde quiera que vaya, como un sabueso guardián, como las estrellas a su propia luna.

Más que un astro brillante, es un hoyo negro.

"¿Por qué te vas, hice algo mal?,¿Morgan?", debe negar con la cabeza y retorcer los dedos entre la ropa oscura, el frío colándose por debajo de la fábrica, la nariz roja por las lágrimas aguantadas.

Que no le haga esto, que no lo deje así.

StrawbearDonde viven las historias. Descúbrelo ahora