Día 9

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Se miraron a los ojos sin atreverse a parpadear.

El miedo les aconsejaba huir, pero también los ataba impidiéndoles moverse.

-¿Qué sucede? -preguntó al fin la mujer con un hilo de voz.

-Sangre... -respondió Fabián con un susurro sintiendo su garganta rasposa -¡Sangre! -gritó al notar que sus manos también estaban manchadas.

La mujer retrocedió un paso. Miró de reojo la puerta de su departamento como preparándose a escapar pero se detuvo observando las manos de Fabián.

-Hola. ¿Policía?... -dijo con fuerza y claridad al conectarse al WR -Verá... ¡No sé qué sucede! Salía de casa cuando escuché un grito y encontré a mi vecino tirado en el pasillo... No lo sé, parece estar en shock... Está en el suelo y grita "sangre" señalando hacia su departamento... Sí, tiene las manos ensangrentadas... No, no lo sé... ¿Vive con alguien?... -preguntó la vecina sin acercarse.

Fabián la observó con la vista perdida.

-¡No! ¡No sé ni su nombre!... -gritó la mujer, dando una palmada nerviosa contra la pared del pasillo -Oiga, ¿me escucha?... ¿Cómo se llama? -insistió cogiéndole por el hombro.

- Fabián...

-¿Vive solo?

-Sí...

-Dice que Fabián... ¿El apellido? ¡Déjese de joder y envíen a alguien!...Calle Lemás 354, planta 12, puerta..."D"... ¡Pues busque en su base de datos y así sabrá quién es! -gritó la vecina abriendo mucho la boca dejando a la vista sus dientes algo desparejos -...La policía está en camino... -le dijo al finalizar la llamada, y ambos se miraron al rostro durante unos segundos sumidos en un silencio incómodo.

La mujer miró a su alrededor y dio unos pasos sin sentido, parecía no saber qué hacer a continuación.

-Ven... ven conmigo, es mejor que esperes a la policía en mi casa antes que aquí tirado... - dijo sin mucha convicción, tendiéndole una mano para ayudarle a levantarse.

Fabián estuvo a punto de rozarle los dedos, pero apartó su mano en el último instante con velocidad.

-¡Voy a mancharla!

-Claro... -contestó retrocediendo un paso y frotándose la mano contra el pantalón a pesar de no haberle tocado.

Fabián se incorporó con la vista clavada en la puerta abierta de su departamento que, ya a oscuras tras apagarse la luz de manera automática, lucía como un portal al misterio.

-Vamos -dijo la mujer apoyándole una mano en la espalda forzando un gesto de cercanía -. Esperemos dentro.

El esbozó una tímida sonrisa de agradecimiento y afirmó con la cabeza. Al caminar junto a su vecina, con pasos lentos y la espalda encorvada, notó que esta observaba sin disimulo la puerta de su piso -"Ha de preguntarse si está metiendo un asesino en su casa"-pensó sintiéndose avergonzado.

-Allí está el baño, tal vez sea mejor que te laves un poco -dijo la mujer señalándole una puerta amarilla con triángulos violetas que parecía un cuadro abstracto.

-Sí, es lo mejor. Gracias -contestó Fabián con algo más de fuerzas, pero al llegar ante la puerta se detuvo mirando el picaporte -. ¿Podrías abrirla por favor?, no quiero manchar nada.

-¡Claro!

Solo en el baño, Fabián colocó las manos bajo el grifo y contempló como la sangre cedía ante la fuerza purificadora del agua. Cuando se sintió más limpio, pulsó el botón de la jabonera untando sus manos en gel que, ¡gran ironía!, era de un intenso color rojo.

El Beso de los Lobos¡Lee esta historia GRATIS!