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He estado callada durante casi toda la tarde

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He estado callada durante casi toda la tarde. Los chicos hablan de música, tareas y teorías raras sobre si el cielo es multidimensional o no.

Me siento bien con ellos. En serio. A salvo y cuidada. Pero... también hay algo en mi pecho, una punzada que no duele tanto como antes, pero que sigue estando ahí. Como si el mundo estuviera un poco desenfocado y yo sea la única que se da cuenta.

Estamos todos: Markie tumbado en la alfombra con Leo a su lado, Madison hojeando una libreta llena de letras medio tachadas, David acariciando distraído la mano de Abigail —Sí, apareció— Steven jugando con una púa de guitarra entre los dedos. Evelin está en la cocina, pero nos escucha desde ahí.

Me paso las manos por las rodillas y respiro lentamente. El corazón me late más rápido de lo que debería para alguien que solo va a decir una idea. Pero para mí no es solo una idea.

—Oigan... —digo. Nadie me interrumpe, pero todos se giran hacia mí como si fuera raro que esté hablando.

Trago saliva y me siento idiota al instante. 

—Estaba pensando en... No sé, quizás es una tontería. Pero... ¿no creen que podríamos hacer... un retiro espiritual? Solo nosotros. Entre amigos. Nada demasiado producido. Solo... alejarnos un fin de semana, orar, hablar de lo que no decimos y cantar... conectarnos, con Dios y con nosotros.

Hay un segundo en el que me arrepiento de lo que digo.

Estúpida.

Ridícula.

Seguro piensan que quiero convertir esto en una iglesia portátil o algo así.

Pero entonces David es el primero en hablar.

—Me encanta. Suena perfecto.

Markie asiente, de acuerdo con él.

—¿Una cabaña? ¿En las afueras? Podemos llevar las guitarras, hacer comida entre todos...

—¡Y llevar libros! —suelta Leo, y por un momento me mira como si le hubiese leído la mente—. De los buenos. No esos devocionales genéricos, sino cosas reales. Podemos hacer sesiones de lectura y compartir.

Madison se endereza.

—Yo podría ayudar a organizarlo. Puedo pensar en horarios, coordinar el lugar y que todo esté equilibrado. Podríamos encargarnos de que no sea solo oración, sino también descanso, con Juegos y caminatas.

—Ya estoy dentro. Me urge algo así. —Es todo lo que dice Steven.

—Si hay bosque y café, voy. — grita Evelin desde la cocina.

Suelto una risa. No me ignoraron ni pensaron que soy ridícula. Me escucharon. Y por unos segundos algo en mí quiere llorar.

Tal vez... tal vez sí soy suficiente.

CDUCP 1: Confesiones de una fe quebrantada...🌿✏️📖Where stories live. Discover now