¿Sabías que una semilla, antes de convertirse en planta, tiene que romperse?
Desde afuera parece un fracaso, algo pequeño que se quiebra y desaparece en la tierra oscura. Pero esa ruptura no es el final, sino el inicio. El dolor de abrirse paso bajo...
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—¿Ese es el ensayo que te dejaron? —pregunta Markie, con la voz más interesada en la pantalla que en la pregunta.
—Sí. Pero también tengo que hacer uno de historia, sobre las reformas de Lutero —respondo.
Estamos en su sala. Hemos quedado en trabajar juntos, pero al final yo estoy escribiendo mientras él revisa acordes con los audífonos puestos y hace pausas para mirar Instagram.
Leo sale de su habitación con una libreta en la mano.
—Mira esto —le dice a Markie, sacando un dibujo con varias flechas, números y palabras mal escritas—. Estaba pensando en una historia. Es como un universo donde todos los pensamientos se pueden atrapar en esferas, pero solo los niños pueden verlas.
Markie se quita los audífonos y mira el dibujo unos segundos.
—Está increíble.
—¿Y tú qué crees? ¿Es mejor que empiece con un personaje o con el mundo?
—Empieza por lo que se te ocurra primero. Luego lo organizas. — dice despachándolo mientras vuelve su mirada a la pantalla.
Leo se queda ahí parado un momento. Se nota que quiere seguir hablando, pero no lo hace. Arruga el dibujo entre sus dedos.
—Voy a mi habitación —dice —. Quiero terminar una escena.
—Ok —responde Markie sin mirarlo.
Leo vuelve sin hacer ruido. Yo lo sigo con la mirada. Cierro mi cuaderno cuando ya no está a la vista.
—¿Tú te das cuenta de lo que acaba de pasar?
Mark me mira como si no entendiera de lo que hablo.
—¿Qué?
—Te acaba de mostrar algo que le importa mucho. Y lo ignoraste.
Él se apoya los brazos en el respaldo del sofá mientras mira por donde se fue su hermanito, luego me mira a mí.
—No lo ignoré. Le dije que está increíble.
—Mark, eso no fue una respuesta adecuada. Y Leo no vino solo a mostrarte un dibujo. Vino a hablar, compartir algo contigo y que lo escuches.
Suspira, dejando sus audífonos a un lado.
—Es que siempre llega con teorías raras, dibujos y preguntas sobre cosas extrañas. Y si no le digo nada, se queda callado. No sé qué quiere.
—Te quiere a ti —suelto.
Él me mira. Quizás está impresionado por mi tono. Es extraño escucharme hablar de este modo. Pero con lo poco que he convivido con Leo durante los últimos días y lo poco que he conocido de su increíble personalidad, es difícil no ponerme sobreprotectora con él.
—Solo quiere estar con su hermano. Que lo mires, lo escuches y le muestres que te interesa lo que le pasa por la cabeza aunque no entiendas nada.