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En esta iglesia todo parece suceder demasiado rápido

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En esta iglesia todo parece suceder demasiado rápido. Un día eres la nueva, al otro estás ayudando a decorar para la reunión de jóvenes, y sin darte cuenta... estás tratando de entender por qué Markie te vuelve a mirar de esa forma, cuando el día anterior ni siquiera te saludó.

Hoy es uno de esos días donde me dan ganas de preguntarle directamente qué quiere. Pero no lo haré.

No porque no quiera, sino porque... ¿y si no es lo que creo? ¿Y si es solo amabilidad disfrazada? ¿Y si estoy confundiendo un "Dios te bendiga" con una intención que no existe?

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Después de la vigilia —últimamente las hacen mucho —, nos quedamos todos un rato en la sala pastoral. Madison y Evelin hablan con una nueva chica que acaba de llegar de otra sede. David está sentado cerca de mí, mientras come lo que queda del refrigerio.

Yo me acomodo en una esquina del sofá, con una cobija sobre las piernas. No tengo mucho sueño, pero tampoco las fuerzas suficientes para mantenerme alerta. Markie está de pie junto a la ventana, dándole la espalda a todos. Parece tranquilo, hasta que se gira y se sienta en el suelo, frente a mí.

—¿Tienes frío? —me pregunta, señalando la cobija.

—Un poco —respondo.

Se queda callado. Sus manos juegan con el cordón de su chaqueta.

—¿Tú crees que está mal no saber lo que uno quiere? —pregunta de repente, sin mirarme.

No entiendo si habla de él, de mí, o de otra cosa. Lo único que entiendo es que estoy harta.

—No lo sé —contesto en voz baja—. Tal vez lo que está mal fingir que sí lo sabes.

Markie ríe por la nariz, como si mi respuesta le pareciera mejor de lo que esperaba. O peor. Con él nunca se sabe.

—Eres rara —me dice.

—Tú también.

Nos miramos. Solo un segundo. Y entonces, sin previo aviso, se levanta y va a ayudar a David con las sillas. Como si la conversación nunca hubiese pasado. Y yo me quedo con el corazón a medias. Como siempre.

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En el camino a casa, el pastor me lleva en su auto mientras Madison va junto a mí, para "acompañarme", según ella. Pero ambas vamos en un incómodo silencio que solo es roto cuando Madison se gira hacia mí.

—Está peor que nunca. — dice de repente.

—¿Quién? — pregunto, genuinamente confundida.

Madison respira profundamente, sin poder contener su fastidio.

CDUCP 1: Confesiones de una fe quebrantada...🌿✏️📖Where stories live. Discover now