☘️_18_☘️

210 33 2
                                        

Doy una vuelta por la parte de atrás de la iglesia, buscando un lugar donde no haya tanto ruido

Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.

Doy una vuelta por la parte de atrás de la iglesia, buscando un lugar donde no haya tanto ruido. Los chicos están en el salón principal, y necesito un momento a solas.

Doblo la esquina del edificio y al detenerme, noto que hay alguien ahí. David está agachado junto a unas macetas, con las mangas arremangadas y las manos ligeramente rojas por el frío. A su lado hay una regadera metálica. El vapor del agua tibia se eleva apenas.

—¿Tú haces esto? —pregunto, acercándome despacio.

Al notarme, él levanta la vista, sorprendido, pero no se ve incómodo.

—A veces. El pastor me deja encargarme de las plantas. Si no las riego, nadie lo hace.

Me cruzo de brazos, observándolo mientras se incorpora.

—No sabía que te gustaba la jardinería.

—No es que me encante —dice, juguetando una hoja marchita. Frota su dedo contra ella—. Pero me gusta ver que algo crece si lo cuidas. No pasa mucho con las personas.

Lo último no sé si lo dice en serio o no, pero suena como algo muy de su estilo.

—Supongo que es más fácil cuidar una planta —respondo.

Él asiente sin mirarme.

—Sí. Solo hay que darle agua y luz. No te grita ni te deja de hablar por cualquier cosa.

Sonrío un poco. Esta conversación de repente parece una indirecta sobre alguien más. No es de mi incumbencia lo que sea que haya pasado con su novia. O al menos creo que se trata de ella. No podría estar segura.

—Podrías hacer un sermón con eso.

Él se ríe por lo bajo.

—Nah. No sirvo para hablar tanto.

Me siento en el borde del muro de cemento, que está helado, y miro las plantas. Algunas están casi secas, mientras otras se resisten al frío.

—Están bonitas —digo—. Tienen pinta de que te escuchan más que las personas.

David se encoge de hombros.

—Tal vez. No juzgan, por lo menos.

—Eso sí es cierto —respondo, bajando la mirada a una ramita que pateo con el zapato.

Pasa un rato de silencio. David termina de regar una fila de materas y me mira de reojo.

—¿Quieres ayudarme con estas últimas?

—Claro —le digo, poniéndome de pie. Tomo la regadera cuando me la pasa.

El agua cae despacio, levantando un poco de vapor. No hablamos mucho, pero no hace falta. Mientras lo veo revisar las hojas con cuidado, recuerdo algo que me contó Markie.

David y Steven no viven tan cerca de la iglesia como parece. En realidad, su casa queda más cerca de la mía que de aquí. Pero aun así, siempre están con los Lucas, como si este lugar fuera su segunda casa.

CDUCP 1: Confesiones de una fe quebrantada...🌿✏️📖Where stories live. Discover now