Los infantes lo miran con adoración, todos con un avión de papel en mano, imitando sus movimientos con esa torpeza encantadora que solo los niños pueden tener.
Izuku canta despacio, con voz melodiosa y clara, agachándose a su altura, abriendo los brazos como alas:
—Había una vez un avión, que quería volar…
Las vocecitas lo siguen entre risas y entusiasmo, aunque unos pocos solo mueven los labios o cantan las sílabas que alcanzan a recordar. Pero todos, sin excepción, hacen volar sus avioncitos de papel al ritmo de la canción.
—Había una vez un avión, que quería volar…
Que subía y bajaba, subía y bajaba…
Y al cielo quería llegar…
Izuku acompaña el canto con gestos amplios y suaves, agitando los brazos con ternura para mostrar cómo sube y baja el avión. Los niños lo imitan con absoluta entrega, algunos tan absortos que hasta cierran los ojos mientras giran sobre sí mismos.
Tan pequeños, tan listos. Tan puros.
Izuku los ama con un amor de raíz, profundo y limpio, como solo puede amar alguien que nació para cuidar. Para guiar. Para enseñar a volar.
Y mientras ellos ríen, lanzan sus avioncitos y repiten la canción, él siente que por un momento, ese pequeño universo suyo está completo.
Solo por un momento.
Porque fuera de esa sala de colores y papel…
Olvida sus problemas y es solo eso, un maestro de preescolar y nada más, sin ojos juzgadores a su alrededor.
—Muy bien pequeños, ahora faltan diez minutos, eso significa que…-
Deja las palabras al aire esperando una respuesta.
—Limpia, limpia~
Comienza a cantar uno de los alumnos y los demás lo imitan levantando todo a su alrededor colocándolo en los lugares correspondientes.
Ningún padre se molestaba que Izuku les hiciera limpiar el desorden que hacían a lo largo de la jornada, en fin de cuentas es educación para los pequeños cachorros, es más ellos les enseñan en casa y en la salita refuerzan.
La hora de entrega fue pacífica; solo faltaron los de siempre, los que llegan prácticamente a la hora de salida. Pero en esta ocasión, Izuku había pedido retirarse antes: era el día en que se quitaría un peso de encima.
—Te los encargo mucho -
Le dice a una asistente de salita.
—No se preocupe, Izuku-sensei. No les despegaré los ojos -
Responde su colega con un guiño.
El omega sonríe, agradece y se despide tanto de su compañera como de sus pequeños alumnitos, a quienes no verá en cuatro días. Suelta un fuerte suspiro apenas sale de la institución.
Frente a la escuela lo espera Katsuki, tan galán como siempre. Es una imagen que le recuerda tanto a su vida estudiantil, porque, aunque se alejaron, siempre lo miraba a la distancia. Apenas tuvo auto, Katsuki era de los que daban raites, esperando afuera recargado en el cofre, revisando el celular con sus inseparables lentes oscuros.
El pecoso niega con la cabeza. Nunca se da cuenta de que es el centro de atención… o tal vez finge. Quién sabe. A pesar de que Izuku le ha pedido más de una vez que lo espere dentro del coche, nunca le hace caso. Odia la idea de los rumores; sigue siendo un omega casado ante los ojos del mundo, y todos lo conocen. Verlo con otro alfa podría afectar su reputación. Algo que Katsuki nunca entendió.
Aunque ahora, poco importa. Porque oficialmente está divorciado y esa misma tarde estaría casado con Kacchan, con un lindo bebé en camino y un hogar donde es mimado todos los días.
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Lo que quedó de tí [BKDK] Ω
FanfictionIzuku pensó que lo tenía todo: un matrimonio feliz con Eijiro, el alfa que creyó sería su para siempre. Aunque el paso del tiempo y las agendas incompatibles los habían distanciado, nunca imaginó el golpe que estaba por venir. Dos años después de ca...
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