Él era una persona importante en el mundo.
Ella era solo la hermana de su mayor rival.
Ambos eran diferentes y lo sabían, pero al no conocerse no pudieron pensar eso.
Dos personas diferentes en dos equipos diferentes.
¿Que podría pasar?
graphic by b...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
XXXI:
La oscuridad me rodeaba por completo. No sentía el suelo, ni mi cuerpo, ni siquiera mi propia respiración. Parecía que estaba muerta.
Todo era demasiado silencioso, demasiado tranquilo.
Hasta que comencé a escuchar pasos detrás de mí.
Me giré sin dudarlo ni un segundo.
—¿Pensaste que ibas a escapar de mí? —susurró la misma voz desquiciada que podía reconocer en esta y en todas las vidas.
Mi corazón dejó de latir.
Mi cuerpo se paralizó.
Era ella.
Y caminaba hacia mí para terminar de matarme.
Retrocedí, pero mis pies no se movieron, parecía que estaban pegados al suelo de tal forma que no tuviera oportunidad de escapar de ella.
El estómago se me cayó.
El cuchillo con el que me había herido estaba sucio con un líquido rojizo. Era mi sangre.
Avanzó hacia mí con pasos lentos, con esa sonrisa inhumana mientras me observaba y disfrutaba del miedo que comenzaba a inundar mi cuerpo.
Todo lucía como un sueño. Como si estuviéramos en un juego con reglas que no entendía, reglas que ponía ella. La principal era aniquilarme para siempre.
—No he terminado contigo.
En ese momento, un ruido metálico golpeó con fuerza mis oídos tirándome al suelo con un golpe seco.
El suelo comenzó a quebrarse. Grietas comenzaron a aparecer en él, y yo no podía moverme.
Las paredes desaparecieron.
Y antes de que la hoja del arma volviera a entrar a mi cuerpo, todo explotó en blanco.
Pip. Pip. Pip.
Mis ojos se abrieron.
La luz blanca me golpeó antes que cualquier otro recuerdo. El olor a desinfectante se impregnó en mi nariz, la sensación de ardor en mi abdomen se volvió más fuerte... no podía moverme. Estaba en el hospital. Estaba viva.
Todo era un sueño. No fue verdad. Estaba viva.
Me llevé la mano a los ojos intentando alejar la sensación de incomodidad ocasionada por las luces fuertes que golpeaban mi rostro.