¿Sabías que una semilla, antes de convertirse en planta, tiene que romperse?
Desde afuera parece un fracaso, algo pequeño que se quiebra y desaparece en la tierra oscura. Pero esa ruptura no es el final, sino el inicio. El dolor de abrirse paso bajo...
Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.
—¿No sabes patinar? —pregunta mi padre cuando mi trasero cae por quinta vez sobre la carretera.
—¡Noo, ¿en serio?! —respondo con sarcasmo, agarrándome de su pierna para levantarme y hacerlo tambalearse hacia atrás. Por suerte, alcanza a recuperar el equilibrio a tiempo y no caemos juntos. —No recuerdo haber aprendido a usar patines.
Eran las siete de la mañana cuando mi padre tocó la puerta de mi habitación y dijo que deberíamos ir a un sitio rural de la ciudad a patinar.
El lugar es poco conocido, así que estaremos solos casi todo el día. Mejor: no quiero que todos vean cómo me humillo.
Hace frío y el cielo está templado. Es mi clima preferido para salir. Si por mí fuera, todos los días serían así.
—Creo que está bien por ahora, vamos a desayunar. Papá me guía hasta el picnic improvisado que hemos montado bajo uno de los árboles cercanos a la carretera. Me siento con dificultad gracias a las ruedas de mis patines. Lo primero que hago es quitármelos y tomar un postre coreano que ahora es de mis favoritos.
—¿Qué tal tus primeros dos meses aquí? —pregunta después de abrir una Coca en lata.
—Me gusta mi vida.
—¿No extrañas Colombia?
—Todavía no —respondo en lugar de admitir que, en realidad, no me afectó mucho la idea de salir de Colombia y alejarme de todos.
Tenía miedo de romper mi rutina y tener que acostumbrarme a otras cosas, pero ahora estoy orgullosa de mí y de mi proceso.
—¿Y la universidad?
—Bien. Es otro tipo de exigencia a la que no estaba acostumbrada, pero confío en que lo estoy haciendo bien. ¿Te imaginas que diga esto y repruebe el semestre? —me río, y mi padre pone los ojos en blanco.
Cuando terminamos de desayunar, guardamos los patines y damos un paseo por el centro. Todavía no conozco muy bien Everlake, así que esta es mi oportunidad de explorar más y no depender tanto de mi padre.
Pronto paramos en una librería porque quiero llenar mi estante de libros, que sigue casi vacío. Papá me dice que me los comprará si agarro todo lo que quiero en un minuto, como en el juego que hacen los influenciadores. Algo que siempre quise hacer y que ahora se cumple con mi cosa favorita en el mundo: los libros.
—Ya me estoy arrepintiendo —dice él después de varios minutos dando vueltas. Aún no inicia el juego.
—Caminé como caballo mucho tiempo acompañándote a tus museos. Me la debes.
—¿Por qué siento que esto va a acabar mal para mí y para mi cartera? —levanta una ceja.
Observo fascinada las pilas y pilas de libros de la tienda.
—No puedes retractarte, fue tu idea.
—Ok, pero solo te doy treinta segundos.
Me detengo de mi pequeña inspección para mirarlo indignada.