Desperté con un delicioso olor a café y a pan recién tostado. Abrí lentamente los ojos, y lo primero que vi fue a Sofía, sonriendo con ese aire travieso que me derrite. Llevaba una bandeja entre las manos —tostadas, jugo de naranja, frutas y, por supuesto, café—. Ruso saltaba a mi lado, moviendo la cola con una energía digna de alguien que no conoce lo que es dormir de más.
—Buenos días, ¿Cómo amaneció la mujer más sexi del planeta?—me dijo Sofía con tono suave, acercándose—. Hoy no vas al trabajo.
—¿Cómo que no? —respondí, aún medio dormida y estirándome como un gato—. Tengo una reunión con Vanessa a las diez.
—Ya lo arreglé con ella —me interrumpió Sofía, muy segura de sí misma—. Le dije que hoy celebramos nuestra vida juntas, y aceptó. Así que… hoy no hay jefa, no hay oficina, no hay estrés. Solo tú, yo y nuestro hijo peludo.
No pude evitar reírme.
—¿Celebrar nuestra vida juntas? Eso suena a que planeas secuestrarme con amor.
—Exactamente —me respondió, sentándose a mi lado y dejándome un beso corto pero dulce en los labios—. Hoy no pienso dejarte hacer nada que no tenga que ver con disfrutar.
Tomé su mano y la apreté, mirando sus ojos color verdes que reflejaban una calma que pocas veces veía en mí.
—No sé qué hice para merecerte, Sofía.
Ella sonrió con ese orgullo que siempre le sale cuando gana una discusión.
—Por fin lo admites.
—No, hablo en serio —insistí, y la acerqué hacia mí, dándole un beso más largo—. Gracias por no rendirte conmigo.
Sofía apoyó su cabeza en mi hombro.
—No lo iba a hacer, Lara. Desde que me prometiste amarme como nadie lo haría, supe que esta historia sería diferente... Lo supe cuando te vi por primera vez, desde ese día no te suelto y ahora menos que ya casi eres la señora pretovich Ivanov.
Ruso ladró suavemente, como si quisiera recordarnos que él también formaba parte de esa historia. Sofía lo subió a la cama y enseguida empezó a saltar entre nosotras, derramando un poco de jugo en la bandeja.
—Bueno —reí—, ya tenemos nuestro primer desastre familiar.
—Y no será el último —respondió Sofía, riéndose también—. Pero eso es lo lindo de estar juntas, ¿no?
La miré y asentí, sabiendo que tenía razón.
—Sí… lo lindo es que, pase lo que pase, vamos a estar juntas.
Ella me dio un último beso, de esos que saben a promesa y a calma, y dijo en un susurro:
—Festejemos nuestro “para siempre”, mi amor.
Y así, entre risas, caricias y un perro travieso, empezó nuestro día sin oficina, sin prisas y con todo el amor que habíamos esperado tanto tiempo para vivir.
No pude evitar besarla. No había mejor manera de empezar el día.
Después del desayuno, Sofía se levantó y me tiró de la mano.
—Vamos, ducha compartida, que tenemos muchas cosas que comprar —dijo con una sonrisa traviesa.
La seguí, y entre risas, agua caliente y algunos besos que fueron subiendo de tono, terminamos más mojadas por nosotras mismas que por la ducha.
Unas horas después, ya estábamos en el centro comercial. Sofía, como siempre, escogiendo ropa para mí y fingiendo que “solo quería ver cómo me quedaba”. Pero su mirada decía otra cosa.
—Pruébate ese vestido, el negro —me dijo, con ese tono que sabía que no podía resistir.
—¿Y si me lo pruebo tú qué ganas? —pregunté con una sonrisa ladeada.
—Verte, nada más. Eso ya es suficiente castigo.
ESTÁS LEYENDO
Corazón blindado
RomanceTras ser plantada en el altar, Lara decide no volver a sentir, así cerrando su corazón. Todo cambia cuando aparece Sofía, una chica narcisista, divertida y llena de fuego, que desafía sus muros y la obliga a redescubrir el riesgo -y la belleza- de v...
