Capítulo treinta: Hora de morir.

1.2K 100 16
                                        

XXX:

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

XXX:

Me pasé el camisón por la cabeza mientras soltaba un suspiro nervioso. Todavía me sentía demasiado tensa, sobre todo sabiendo que me encontraba a más de diez minutos del hospital donde estaba Lander.

La cabeza me explotaba tanto que comenzaba a sentirme algo mareada. Desde el momento en el que llegué a mi casa me sentía extraña. Mi cuarto, en especial.

Pero simplemente opté por tomar una pastilla para el dolor de cabeza y darme una ducha caliente. ¿Eso ayudó en algo? No.

No paraba de recordar cómo se encontraba Lander en el momento en el que entré a la habitación. Su pecho se movía con suavidad al respirar, pero aun así se sentía débil.

Llevé ambas manos a mi rostro con algo de estrés. Hasta mañana no tenía permitido ni siquiera pensar en pisar el hospital. Eran órdenes estrictas de mis padres porque no había dormido en todo el día, incluyendo la madrugada de ayer.

Los entendía. Querían cuidarme de alguna manera. De tantas lágrimas derramadas ya sentía que me estaba por deshidratar.

Caminé hacia la puerta de mi habitación cuando terminé de vestirme con mi pijama favorito, y atravesé el marco para ir camino a la sala de estar, donde estaban mis padres esperándome.

Mientras caminaba, sentía pequeños escalofríos por todo mi cuerpo, especialmente en mis pies. Me encontraba sin medias, por lo que cada vez que daba un paso pisaba el suelo frío.

¿Qué iba a hacer durante estas ocho horas? No lo sabía exactamente, pero me las tenía que ingeniar. Dormir era una opción, pero no podía: mi cabeza estaba demasiado saturada y mis pensamientos no me iban a dejar descansar.

Ocho horas. Cuando amaneciera en Londres, iría al hospital para cuidar a Lander. Como sus padres se iban a quedar toda la noche, les dije que durante el día me haría cargo de él.

Aunque, si fuese por mí, me quedaría día y noche a su lado. No me importaba dormir en una silla de hospital incómoda que me dejaba sin espalda. Separarme de él no era una opción.

Pero mis padres me obligaron a volver a casa y darme una ducha caliente. No solo eso, sino también comer algo decente y no "comida chatarra", como la llamaba mi mamá.

Terminé de bajar las escaleras cuando mis padres se giraron para observarme con alegría en sus rostros. Estaban tranquilos sabiendo que ya no me encontraba en ese hospital sin comodidades.

Me cuidaban como si fuese una mariposa a punto de morir. Pero morir de amor, porque mi novio casi muere en la madrugada y yo no podía hacer nada para evitarlo.

Solamente llorar como una tonta delante de una ventanilla mientras veía todo lo que sucedía allí dentro y todo lo que le hacían con la máquina.

Creo que nunca viviré algo peor que eso. Ya bastante era todo esto.

Scoring the Heart ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora