Capítulo veintinueve: ¿Qué carajos está pasando?

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XXIX:

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XXIX:

Lander está en el hospital.

Lander está en el hospital.

Esa frase era lo único que merodeaba mi cerebro desde el momento en el que mi madre me lo dijo.

Los padres de Lander me habían llamado para darme la noticia hace unas horas y no pude atenderlos porque estaba en el sueño más pesado de toda mi vida.

Ya lo sabía casi toda la maldita ciudad, que mi chico jirafa se encontraba internado en el hospital desde hacía horas. Algunos decían que estaba por morir y otros que se encontraba muy grave.

Yo no sabía nada.

Todo el camino al hospital me la pasé leyendo diferentes noticias que lograban ponerme nerviosa y hacerme llorar en los brazos de mi mamá como una niña pequeña.

Mientras mi padre manejaba lo más rápido que la carretera le permitía, mi madre acariciaba mi cabeza con una tranquilidad que me alarmaba. Aunque en sus ojos se reflejaba el miedo que estaba teniendo.

Ella también se tomó el tiempo de comunicarse con la mamá de Lander mientras salíamos de mi casa, para asegurarse de que lo que decían las noticias era falso, pero al parecer no lo eran.

El rostro de la mujer que me dio la vida, al escuchar la respuesta de Caroline Laurent a través del teléfono, cambió de inmediato. Intentó ocultar el gesto triste, pero no lo logró, y terminé dándome cuenta de que todo estaba peor de lo que las noticias contaban.

Ahora estaba recostada en el regazo de mi madre, con el rostro hinchado, los ojos rojos y todo el rímel corrido por mi cara. Me dolían los ojos por todas las lágrimas que venía derramando desde el momento en el que me dieron la noticia.

¿Qué carajos está pasando?

Los dos kilómetros que nos faltaban para llegar al hospital se pasaron tan lentos que terminé por desesperarme y salir corriendo del carro.

Una vez estacionamos, mi progenitora fue la primera en salir, luego mi papá, y después de pensarlo unos segundos salí yo, agarrándome del brazo de mi madre porque mis piernas ya casi no me funcionaban.

Caminamos hacia la entrada del lugar blanco, y tuvimos que hacer un recorrido eterno hasta llegar a la segunda planta, donde se encontraba la zona de personas internadas.

El primer rostro que mis ojos encuentran una vez las puertas metálicas del ascensor se abren por completo es el de Caroline Laurent y, a su lado, Henry Martin.

Ambos lucían destruidos, podría decir que peor de como yo me veía. Las manos del mejor amigo de mi chico jirafa se encontraban en su cara. Él ocultaba su rostro lloroso e hinchado mientras, a su lado, Mateo Laurent le acariciaba la espalda intentando tranquilizarlo.

Scoring the Heart ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora