Capítulo veintiocho: Momento agridulce.

1.4K 91 12
                                        

XXVIII:

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

XXVIII:

Giro mi cabeza hacia la ventana del avión cuando comenzamos a bajar hacia la pista de aterrizaje privada ubicada en Londres.

Hace dos horas salí de mi casa de camino al aeropuerto con mis dos maletas, me subí al avión privado que le pertenece a mi familia con un nudo en mi garganta, lágrimas en los ojos y me despedí de la ciudad que me dio la bienvenida hace unos años con los brazos abiertos.

No era fácil despedirme del hermoso país que era Alemania, mucho menos de las tres maravillosas personas que vivían y compartían allí conmigo.

Lo último que mis ojos vieron antes de que todo se volviera blanco, fueron el rostro mojado y triste de mi hermano mayor que se encontraba tomado de la mano con mi mejor amiga, y la cara de orgullo con la que me observaba Nicholas.

Algo profundo dentro de mí no se quería ir de allí, pero debía hacerlo. Ya era mi turno de comenzar una nueva etapa en mi vida, y mudarme era el primer capítulo de todos y el más importante.

Agarro mi teléfono de mi regazo cuando termino de ojear la pista de aterrizaje por la ventana, y prendo el dispositivo para cerciorarme de que no me estaba perdiendo de ningún mensaje importante.

Observo el nombre del chat fijado que tenía el número dos a un lado, dándome a entender la cantidad de mensajes que tenía para leer, y esbozo una sonrisa en mi rostro.

Desde el momento en el que me subí al avión, a la primera persona a la cual le avisé que ya estaba de camino a Londres fue a mi novio. A partir de eso, cada vez que prendía mi celular, me encontraba con uno o dos mensajes de él preguntándome cómo iba.

Ahora los mensajes eran preguntándome si ya había aterrizado.

Lan.
Hola, amor.
¿Ya aterrizaste? Avísame, hermosa.

La comisura de mi labio se levanta mucho más, y con los cachetes inflados comienzo a teclear la respuesta en el teléfono.

Yo.
Hola, amor.
Estoy aterrizando, ¿tú qué haces?

Apoyo mi mano en el apoyabrazos cuando siento como el avión comienza a bajar la velocidad una vez se encuentra en suelo de cemento, y vuelvo a observar por la ventanilla buscando unos carros.

Justo cuando la aeronave comienza a ser acomodada por el piloto, y dobla a la derecha adentrándose a su lugar de estacionamiento, noto el carro negro lujoso estacionado a unos metros.

Reconocía ese Ranger Rover de color negro brillante desde lejos. Era el carro preferido de mi padre y lo utilizaba todo el tiempo. Tenía muchos, pero siempre usaba el mismo.

A un lado del auto se encontraban dos personas de pie con una mano en su rostro mientras se protegían del aire que lanzaban los motores con fuerza.

Scoring the Heart ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora