06 Seis soldados, un pasado y un destino

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Ahí estaba yo, tirado en el sofá con el iPad de Jason, jugando al Angry Birds, mientras Rizo me abrazaba viendo una película titulada El club de la peluca, un muermo. Se empeñó en verla conmigo, pero no la aguanto, por eso le he quitado el aparato este a su primo. No tiene código de seguridad, así que puedo jugar todo lo que quiera, hasta que se de cuenta de que la estoy usando sin su permiso y me eche la bronca.

Como somos pocos en la tropa exterior, nos hemos repartido las dos residencias entre los seis soldados que somos actualmente. En el pasado, la tropa exterior se dividía en grupos de hasta ciento cincuenta soldados, pero, por mucho que suban los impuestos, no dejan de recortar en el ejército para llevarse ellos todo el dinero. Hablo de los políticos, naturalmente. Ya dije que esto es una monarquía, así es, pero tenemos gobierno. Dicen que somos algo así como una democracia. No me preguntes, porque yo tampoco lo entiendo. Lo importante es que sepáis que han recortado tanto en el ejército exterior que únicamente tenemos una tropa (que somos nosotros) con seis soldados y dos residencias con una pésima conexión a internet. Va tan lento que tengo que ver los vídeos con tan poca calidad que parecen gameplays de Minecraft. Es muy frustrante.

A ver, para situaros un poco, hay dos residencias de la tropa exterior y estas se encontraban en el muro Dedala, cerca del distrito Troto, por ser la zona más peligrosa. Por ahí entraron los giganteses hace un año, y es el distrito más próximo a Sinsal-sinna, aunque haya que cruzar todo el muro Tribia para llegar. Nosotros los cruzamos en dos ocasiones y ya estamos hartos. Espero que a mi capitán no se le ocurra ir otra vez a mi distrito natal, porque allí no encontramos nada. Tanto sótano de Edem y tanta mierda y al final no había nada. CPU tiene sus sospechas de que alguien llegó antes que nosotros, lo cual es muy probable, porque, desde que los giganteses invadieron el distrito Sinsal-sinna hasta que nuestra tropa ha logrado regresar allí, han pasado cinco años y pico, que se dice pronto.

En cada residencia caben hasta quince soldados, así que nos hemos dividido los dos edificios entre los seis que somos. En una vivimos Rizo, su primo y yo. En la otra viven Live, CPU y Kuenta.

Todos nuestros gastos están financiados con dinero público, por eso somos la tropa más odiada. Las de interior por lo menos cuida la seguridad dentro de los muros, pero nosotros como solo enviamos soldados a morir, pues piensan que somos inútiles, cosa que en parte es verdad, pero bueno. Los días que no vamos de expedición ni de misión es un chollo vivir aquí, pero luego estamos a punto de morir y es cuando me doy cuenta de que no me pagan lo suficiente.

Terminó la película esa de Rizo, yo seguía atascado con un nivel del juego y Jason se estaba duchando. Entonces llegó Live, despeinado como nunca antes, incluso diría que llevaba menos pelo, como si se le hubiese quemado o algo.

—Eh, chicos, escuchad.

—Capitán Live, ¿Qué te ha pasado en la cabeza? —pregunté directo interrumpiéndole.

—Problemas con el secador, nada importante. Escuchad, como ya sabéis, durante estos días, CPU y yo hemos estado pensando cuál será nuestro próximo objetivo, pues bien, ya hemos llegado a una conclusión.

—¿Vamos a rendirnos de una vez y vivir nuestra vida sin pensar en que fuera de los muros hay giganteses? En serio, la vida es corta y la estamos desaprovechando, por no hablar de que cualquier día de estos vamos a morir —pregunté.

Fue una de las primeras veces que Live me respondía de esa forma. Normalmente entiende que estoy en broma, pero en este caso me respondió con frialdad enfadado:

—Ermin, si de verdad crees que es inútil dedicar tu vida a una causa casi imposible, puedes coger la puerta y marcharte, en sentido metafórico, no me refiero a que desatornilles la puerta y te la lleves, sino a que te puedes ir en cualquier momento. Estás aquí por que decidiste ser soldado, ¿Recuerdas?

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