13. Efectos secundarios

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Uriel debería haberse quedado ingresado en el hospital, durante unas horas, los efectos secundarios de la femtorina, son muy intensos durante las primeras horas, pero Uriel no quería quedarse prefería irse a su apartamento y estar allí tranquilo solo. Por otro lado, estaba mi madre que decía que era muy peligroso que se quedará solo. Sabía que Uriel pediría la alta voluntaria en cuanto saliéramos por la puerta. Así que tuve que intervenir.

—Dale el alta, yo me quedó con él, hasta que se le pasen los síntomas —le dije a mi madre.
—¡Yana, no! Tú tienes la graduación —me respondió Uriel.
—¿Entonces te quedas ingresado? —le contesté sabiendo cuál sería su respuesta.
—Yana...
—Para la graduación quedan bastantes horas, puedo hacer las dos cosas. Así que dime, ¿Qué prefieres? Porque no voy a dejarte solo.
—Prefiero estar en el apartamento.

Miré a mi madre y me hizo una señal de afirmación.

—Entonces iros ya, no van a tardar en aparecer los síntomas. En un ratito te llevo algo de comer.

El recorrido de vuelta a los apartamentos era de unos quince minutos, teníamos que coger el aerodeslizador y después bajar hasta los apartamentos. Para cuando salimos del aerodeslizador, los primeros síntomas ya había comenzado. Empezaba a tener mal cuerpo y las piernas cada vez las tenía más pesadas. Aún así siguió caminando hasta los ascensores. Cuando salimos, me dijo que necesitaba sentarse un momento en los sillones del pasillo. Al sentarse se llevó las manos a la boca, intentado parar las náuseas. Me senté a su lado y le acaricié desde el cuello hasta media espalda. El apoyo su cabeza sobre mi hombro y cerró los ojos unos instantes. Pasados unos minutos levantó la cabeza y me dijo que ya estaba un poco mejor, decimos seguir hasta la habitación. Ambos sabíamos que empezaría a vomitar de un momento a otro y era mejor que estuviera en el apartamento cuando ocurriera.

Nada más entrar, se dirigió a la habitación y se sentó en la cama. Se sentía bastante mareado y cansado por el esfuerzo. Se intentó quitar el pantalón pero no tenía fuerzas para acabar la tarea, le pedí que se acostara y tire de los bajos para acabar la tarea. Estaba tiritando, así que le arrope con la sabana.

—¿Puedes buscar una bolsa o algún recipiente?
—Claro — Empecé a rebuscar en la cocina, normalmente hay unos cubos de plástico. Allí estaba, lo lleve lo más rápido posible a los pies de su cama.
—Puedes salirte, si quieres.
—No te preocupes por mí, estoy bien.

Sus labios de empezaba a ponerse pálidos y tenía la mano en el estómago. Se incorporó en la cama y me pidió el cubo. Se lo acerqué y me senté a su lado. Lo único que podía hacer por él es estar a su lado y sujetarle la cabeza, mientras vomitaba. Unos instantes después, su estómago se había tranquilizado, así que se volvió a tumbar.

—Gracias, por todo. No sé, que me ha pasado. Normalmente no... no necesito a nadie a mi lado. De hecho es la primera vez que entra alguien conmigo cuando me ponen la dosis. Ni siquiera cuando era pequeño, siempre he estado a solas con la enfermera.
—¿Siempre has estado solo?
—Sí, nunca he dejado entrar ni al coronel, ni a ningún amigo estar conmigo.
—¿Ni siquiera a tus padres?
—No... —dudó al responde—. Ellos tampoco han estado nunca.
—¿A qué debo el honor? —le pregunté
—¿El honor? Te he hecho pasar un mal rato, Yana. Lo siento muchísimo —Se sentía francamente apesadumbrado. Tenía que decirle algo para animarle. Así que solté lo primero que me pasó por la cabeza.
—No lo siestas, no todos los días tengo la oportunidad de tocarle el culete a un tío —la verdad es que había sonado mejor en mi cabeza, al instante note un calor en mis mejillas.
—¡Yana! ¿No te estás aprovechando de un pobre enfermo? —Nos dio por reír a los dos.
—Ahora en serio, me alegro de haber podido ayudarte, aunque no haya podido hacer mucho.
—Hoy no hubiera sido capaz de soportarlo, si hubiera estado solo. No sé muy bien lo que me ha pasado, pero me he sentido más solo que nunca en mi vida y el miedo me ha sobrepasado. Saber que estabas ahí y sentir tu mano en la espalda, me ha ayudado a concentrarme en algo que no fuera el dolor. No creo, que serás consciente de lo que ha significado para mí que estuvieras ahí.

Intenté decirle algo, cualquier cosa, pero no había nada que pudiera decir, después de lo que me había contado. Aunque no habría tenido tiempo para hacerlo. Uriel volvía a encontrarse mal y me pidió el cubo de nuevo. Cuando volvió a tumbarse cerró los ojos, seguía teniendo náuseas. Durante la siguiente hora fue un no parar. Me tenía bastante preocupada, hasta llegué a decirle que iba a llamar a mi madre, pero no me dejó. A penas le quedaba fuerzas para incorporarse, así que se colocó de lado en la cama. Mantenía los ojos cerrados pero seguía sin quejarse, otro en su situación ya habría maldecido un par de veces, pero él no. No había soltado su mano en ningún momento, pero llegados a este punto supe que necesitaba algo más y empecé a acariciarlo, pero por el costado y cuando abrió los ojos por la mejilla.

—Estoy mejor, no te preocupes —¿Cómo podía decirme que estaba mejor?— Intentaré pasarme por el auditorio antes de irme a casa.
—No estarás pensando en irte pilotando.
—Estoy mejor y en un rato estaré bien del todo. Tengo que hacer todo lo posible por llegar a la colonia está noche.
—No hagas ninguna locura.
—Tranquila, si no me encuentro bien, me quedo aquí —ambos sabíamos que ya lo había decidido.
—Ok, mándame un mensaje si te vas. Y cuando llegues llámame.
—Si mamá —me dijo en tono burlesco.
—No te burles, que me dejas preocupada.

Cada vez le costaba más mantener los ojos abiertos, poco a poco se le iba tranquilizando el estómago y el sueño se iba apoderando de él.

—Duérmete y descansa.
—Cuando te tengas que ir hazlo, pero espera un poco a que me duerma, por favor —me dijo ya con los ojos cerrados.
—No te preocupes. Estoy aquí.
—Yana, eres la mejor —fueron sus últimas palabras antes de quedarse dormido—. Lo vas a hacer genial en la graduación.

Cuando estaba dormido, parecía más joven. En realidad solo tenía veinte años, la misma edad que mi hermano. La primera imagen que tenía de él era de alguien tan seguro de sí mismo y un aspecto de duro, chocaba mucho con él chico que tenía delante, verle tan desvalido en ese momento, me inspiraba mucha ternura. Sentí el impulso de besarle en labios, pero sabía que no debía hacerlo.

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