𝟎𝟐

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                          𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝐓𝐖𝐎

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                          𝐂𝐇𝐀𝐏𝐓𝐄𝐑 𝐓𝐖𝐎







𝐎𝐋𝐈𝐕𝐈𝐀:
El aire de Derry olía distinto en verano. No sabría decir si era el calor, el río o la sensación de que todo se volvía más intenso. Los días parecían más largos, el sol más fuerte y el sentir que alguien o algo nos observaba era difícil de esquivar.

Desde aquel día en la salida del instituto, no volví a cruzarme con Bowers. Pero eso no significaba que no lo sintiera cerca. Había algo inquietante en la forma en que el silencio se volvía pesado cuando caminaba por los callejones. No lo veía, pero lo presentía. Henry siempre estaba ahí, en algún rincón, observando... tal cual depredador a su presa.
Y yo lo sabía.

Aun así, me negué a dejar que me intimidara.

Preferí concentrarme en los chicos: Bill con su torpe pero dulce tartamudez; Stanley, el judío que siempre parecía entenderlo todo sin decir nada; Eddie, que siempre estaba paranoico y la mayor parte del tiempo discutiendo con Richie; y Richie... bueno, él era un caos andante, pero uno divertido.

Empecé a pasar más tiempo con ellos desde aquel día del incidente con Bowers. Nos reuníamos en la cantera, las cloacas o los baldíos, lugares a donde nos llevaba Bill, ya que lo único que él quería era encontrar a su hermano. A veces, cuando el peso de Derry era demasiado, solía ir a la biblioteca a distraer mi mente del caos del exterior. Sumergirme en historias me hacía sentir más ligera... como si las historias que leía pudieran ocurrir en mi vida, aunque quizás eso no era tan bueno en una ciudad como esta.

Ese día, los pasillos estaban casi vacíos. Caminaba hacia una sección a la que la mayoría casi no se acerca, atraída por el silencio entre estantes viejos. Pero al doblar la esquina, un chico que lucía demasiado asustado venía corriendo.

Lo reconocí: compartíamos clase de Estudios Sociales.

—¿Estás bien? —pregunté, porque su expresión era tan pálida que casi parecía drenado de vida.

—E-estoy bien... —murmuró, tembloroso-. S-solo salgamos de aquí... ¿de acuerdo?

No tuve tiempo de replicar. Tomó mi brazo con suavidad, casi suplicando, y me jaló unos pasos hacia atrás. Su respiración era errática, como si acabara de correr kilómetros.

—Hey, tranquilo -dije, intentando sonar calmada aunque la tensión se me subió a la nuca—. ¿Qué pasó?

El chico negó con la cabeza una y otra vez, apretando los dientes.
Miraba hacia el fondo del pasillo, como si algo -o alguien- aún estuviera ahí.

—No... no quiero volver a ver eso -susurró.

Un escalofrío me corrió por la espalda.

—¿Ver qué?

𝐂𝐄𝐍𝐈𝐙𝐀𝐒 𝐃𝐄𝐋 𝐏𝐀𝐒𝐀𝐃𝐎| Bill Denbrough Donde viven las historias. Descúbrelo ahora