Nunca imaginé que el mismo dia en qué el le regaló un cachorro a mi novia ella me propone vivir juntas, el mismo día ya estoy empacando todo.
Mientras doblaba la ropa y trataba de decidir qué cosas llevar y cuáles dejar, Ruso dormía entre mis zapatos y Lara estaba en el suelo, intentando armar una caja con más entusiasmo que coordinación.
—No te rías —me dijo sin mirarme, cuando la cinta adhesiva se le pegó en los dedos—. Esto es trabajo de precisión.
—Sí, claro, precisión —contesté con una sonrisa burlona—. Te tardaste diez minutos en cerrar una caja mi amor, me haces difícil no reírme de tí.
—Bueno, no soy una experta en mudanzas exprés —replicó, y cuando finalmente logró sellar la caja, se dejó caer de espaldas al piso, riéndose—. ¿Te das cuenta de lo loco que es esto?
La miré, con el corazón dando un salto.
—¿Entonces… estás segura, Lara? Es decir, esto es grande. Vamos a vivir juntas, compartirlo todo, hasta los malos días.
Ella se incorporó lentamente y me tomó de la mano y me sento a horcajadas suyas.
—Sí, estoy segura. Puede que sea apresurado, puede que el mundo diga que estamos yendo muy rápido… pero quiero todo contigo, Sofía. Quiero despertar a tu lado, discutir por quién se come la última galleta, ver películas horribles, y dormir abrazándote. Despertar, darte besos y hacerte mía día y noche amor... Es lo que quiero, una vida junto a ti... Mi otra mitad.
Sus palabras me golpearon suave, pero profundo. Y sin poder evitarlo, sonreí.
—Te vas a arrepentir cuando vea mis cremas ocupando la mitad del baño —bromeé.
—Ya me mentalicé —dijo, acercándose más—. Incluso voy a hacer espacio en mi clóset… aunque eso me duela.
—Eso sí es amor —reí, besándola.
Pasamos toda la tarde empacando entre risas, besos y pequeños roces que hacían que el tiempo se nos escapara sin darnos cuenta. Cuando llegó la noche, teníamos la mitad de mis cosas listas, Ruso estaba dentro de una caja de zapatos, y Lara, con el cabello desordenado y una sonrisa dulce, me miró como si todo en su mundo tuviera sentido.
—Entonces… mañana, oficialmente, empezamos nuestra vida juntas —susurré.
—Sí —dijo ella, y me abrazó por detrás, apoyando la barbilla en mi hombro—. Y no pienso dejarte ir nunca de los nunca ya estás amarrada mi ángel.
Y por primera vez, no tuve miedo de lo que venía. Porque, por caótico que fuera, sería nuestro caos.
Aun faltaba la mitad de las cosas que dije que no llevaría, que me arrepenti al verlas quedarse solas, y yo ya sentía que el cuerpo no me daba más.
Entre cajas, bolsas, cintas adhesivas y mi eterno intento por mantener un orden imposible, terminé desplomándome sobre Lara, que estaba estirada en el sillón, revisando una lista en su celular.
—No te muevas… estoy oficialmente muerta —murmuré, hundiendo la cara en su cuello.
Ella soltó una risa suave y empezó a acariciarme el cabello, con esos movimientos lentos que me desarmaban siempre.
—Qué dramática —susurró, dejando un beso en mi frente—. Pero incluso así, te ves preciosa.
—Mentirosa —repliqué medio dormida—. Estoy despeinada, llena de polvo y ya dije despintada
—Sí —dijo sonriendo—, pero eres mi despeinada llena de polvo. Señorita dramática
No supe si reír o llorar. Era tan dulce, tan natural… que mi corazón ya no sabía si latía por costumbre o por ella.
De repente, escuchamos un pequeño ladrido seguido de un salto. Ruso, nuestro pequeño hijo peludo, se había trepado entre nosotras, moviendo la cola como si el mundo entero fuera una fiesta.
—Ay no, Ruso, no ahora… —me quejé mientras él intentaba lamer mi cara.
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Corazón blindado
RomanceTras ser plantada en el altar, Lara decide no volver a sentir, así cerrando su corazón. Todo cambia cuando aparece Sofía, una chica narcisista, divertida y llena de fuego, que desafía sus muros y la obliga a redescubrir el riesgo -y la belleza- de v...
