O4. prioridad.

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—Hace mucho que no salimos a cenar —mencioné, sentándome a su lado.

—No hables como si estuviésemos viejos —contestó él, serio. Pasó un brazo por mis hombros y me envolvió en un abrazo. Su cuerpo se sentía tan cálido y cómodo—. La facultad de derecho es algo muy importante para mí. Tengo que preservar la tradición familiar.

No necesitaba recordármelo, me sabía sus prioridades de memoria. Eran tres y, por desgracia, ninguna nuestra relación.

Familia.

Bangtan —su fraternidad—.

Derecho.

Nos las preguntamos en nuestra segunda cita y nunca supe si cambió de opinión, de orden o de número. Pero me destrozaba pensar que quizá yo no era tan importante para él como él para mí. 

—Sin embargo, para tus amigos siempre tienes tiempo.

Había soltado las palabras sin pararme a pensar en que habría consecuencias. Su mirada cambió. Hoseok se enojaba cuando le reclamaba sobre sus amigos, su segunda prioridad. No dejó de abrazarme, pero el sentimiento ya no era de amor, era otro.

—Sabes cuánto me molesta que digas eso. 

A mí también me molesta tener que decirlo, pensé.

—Lo sé, lo lamento —me retracté lentamente—. No lo volveré a hacer.

—No es necesario que te disculpes —dijo, complacido—. No estoy enojado.

Las cosas siempre eran así a mis ojos: yo nombraba el problema, él se molestaba y yo me disculpaba. La misma situación se repetía como un disco rayado.

Nunca lo culpé.

Lo puse en primer lugar en mi vida, pero eso no nunca significó que él tuviera que hacer lo mismo.

* * *

La voz del millón de dólares de  J. Cole siempre ambientaba el coche de Hoseok. Siempre. El volumen alto. La ventanilla del piloto desplegada. El suave viento despeinaba de forma sutil su radiante cabello. Él, alegre, disfrutaba de la música del famoso rapero. Yo, sonriente, observaba su perfil con el entusiasmo que él me contagiaba.

Cuando quería decirme algo sus delgados dedos bajaban el volumen lo bastante para hacerlo. No le gustaba. Él decía que la música solo podía ser disfrutada con el volumen alto.

—Estás preciosa —dijo mi novio, mirándome un segundo. La música más baja que de costumbre, lo supe al momento—. Siempre lo estás —agregó.

—Me lo has dicho mil veces —contesté riendo. La tibies conocida de su tacto me relajó. Su mano acarició mi pierna, sin apartar su azabache mirada de la carretera.

Una pícara sonrisa descrita en su boca.

Mi pequeño vestido rojo había sido elegido por él. No le disgustaba comprarme ropa si era de su gusto. Nunca se la pedía, no la necesitaba. No obstante, al día siguiente aparecía con bolsas llenas de regalos para mí. Él decía que disfrutaba verme con sus obsequios, que era una de las muchas cosas que le hacían feliz del dinero.

—Tú también estás precioso —imité, sonriéndole.

Era algo normal en él verse bien. Vestía prendas caras y distintivas. En ocasiones, prendas coloridas de líneas de ropa como la que el grupo Odd Future tenía. Otras, con la elegancia que el gran Alexander Wang daba al negro y blanco.

—¿Qué es lo nuevo?

Estallé en carcajadas.

—No, en serio, dime algo que no sepa —se volvió para mirarme un poco. Solo un poco.

—Tienes razón, siempre luces genial —le di la razón.

—¿Estás intentado seducirme?

Volví a reír, con él no podía dejar de hacerlo.

—No te rías cuando conduzco, me dan ganas de besarte.

Acercó una de sus manos al aparato, para subir la música. Porque la canción había llegado, el sonido de su canción favorita hacía vibrar el coche. La única canción que no era de J. Cole era de Mac Miller. La canción tenía un ritmo optimista que lo representaba sin falta.

La melodía de Knock Knock paró de reproducirse y él estacionó el coche en una calle muy animada y concurrida por transeúntes. Luces fosforescentes de negocios alumbraban la noche con colores vivos. Los bares estaban llenos. Puestos de comida por doquier. Notoriamente, esa no era una calle de personas adineradas.

—¿No tenías una reserva en un restaurante? —pregunté, contemplándolo todo.

—Sí, pero ha habido un cambio de planes. —Me miró y cobijó mis manos con las suyas—. Estoy secuestrándote —ultimó, robándome un beso.

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