Él era una persona importante en el mundo.
Ella era solo la hermana de su mayor rival.
Ambos eran diferentes y lo sabían, pero al no conocerse no pudieron pensar eso.
Dos personas diferentes en dos equipos diferentes.
¿Que podría pasar?
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XXVI:
—¡Gol! —exclama toda la multitud al unísono cuando mi hermano patea la pelota hacia el arco contrario y termina entrando, logrando así el primer gol de la noche.
Estábamos en los últimos minutos del partido, y el equipo de Wesley no había ni siquiera podido marcar un gol, hasta ahora, claramente. El conjunto rival era algo difícil de ganarles, por algo estaban casi primeros en la tabla.
A mi lado tenía a Greta agarrando su suéter con las manos, por poco parecía que lo estaba a punto de romper por la fuerza que estaba utilizando. Pero eran los nervios. Ambas queríamos que Wes ganara su primer partido después de vacaciones.
Nicholas estaba de pie aplaudiendo, mientras gritaba unas palabras de aliento al equipo. Durante todo el partido estuvo de esa manera, y con G nos compartíamos miradas graciosas.
Él jugaba su primer partido luego de vacaciones mañana, con otro equipo que era rival de mi hermano.
Por mi investigación, había logrado enterarme de que Nick nunca tuvo la oportunidad de ganarle a Wes porque no hacía parte de un club tan grande y exitoso como lo era el de mi hermano mayor.
Esbozo una sonrisa cuando observo a Wes correr hacia uno de sus compañeros con el rostro iluminado, y se lanza al suelo para dejar que todos se tiren a abrazarlo, incluyendo el entrenador.
En el último mes no había visto a mi hermanito mayor tan feliz como lo estaba ahora mismo. Lo entendía, ya que siempre tenemos algo que nos saca una sonrisa cuando menos lo pensamos. El fútbol para Wesley era su lugar seguro.
Terminan los festejos gracias a que el árbitro, con una cara seria, se acerca para poner en orden todo, y obligar a los jugadores suplentes y el mismo entrenador a salir de la cancha o todos serían amonestados con una tarjeta amarilla.
Algo grosero el árbitro.
El capitán del equipo, o sea mi hermano, se vuelve a poner de pie todavía algo sonriente, y se atreve a dedicarle una risita al hombre que había arruinado el festejo con todos. Esto ocasiona que el árbitro se gire para acercarse y le dé una advertencia.
Wesley levanta los brazos en forma inocente cuando el hombre termina de hablarle, y se da media vuelta antes de volver a su lugar.
—Qué grosero —dice Greta con los brazos cruzados. Ya había soltado al pobre suéter—. Ni festejar los dejan.
Nicholas suelta una risa suave, y cuando se vuelve a sentar a mi lado, se gira para mirarme y alza la comisura de su boca. Nos miramos por un segundo antes de que yo corte nuestro contacto visual y ponga mi vista en el campo de juego donde ya se estaba reanudando todo.