Dieciocho años después de haber sido expulsada por amar a quien no debía, Isabela regresa a la hacienda que alguna vez llamó hogar.
No busca venganza... sino respuestas, y tal vez una nueva oportunidad de empezar.
Allí la espera Graciela, la esposa...
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Me despierto con alguien sacudiéndome el hombro.
—Chela, Chela, despierta.
Abro los ojos lentamente, parpadeando contra la luz que apenas comienza a filtrarse por las cortinas. El reloj en mi mesita de noche dice 7:00 AM.
Siete de la mañana. En dia libre -Las niñas tienen hoy y el viernes libre, ya que en el colegio, se estan preparando para la ceremonia de fiestas patrias que va haber el lunes.
—Isabela —murmuro, mi voz gruesa de sueño—, ¿qué pasó? ¿Están bien las niñas?
—Las niñas están perfectas —dice, y puedo escuchar la sonrisa en su voz—. Pero tenemos que irnos. Ya.
—¿Irnos? ¿Al colegio?
—¡A comprar decoraciones! —dice con un entusiasmo que no debería ser legal a las seis de la mañana—. Y disfraces. Tenemos que conseguir los disfraces antes de que se agoten los buenos.
Me siento en la cama, frotándome los ojos, tratando de procesar lo que está diciendo.
—Isa, ¿de qué hablas?
—Halloween —dice, como si fuera obvio—. Es mañana. Tenemos que preparar todo.
Y entonces recuerdo.
Halloween.
Hace una semana, las mellizas mencionaron algo sobre Halloween. Algo que habían escuchado en el colegio de otros niños. Sobre disfraces y confites. Principalmente confites.
Y yo me había puesto tensa.
Porque Vicente nunca permitió que celebráramos Halloween. Decía que era "del diablo." Que era una celebración pagana. Que los buenos cristianos no participaban en esas cosas.
Así que nunca lo hicimos. Pero bueno supongo que los "buenos cristianos" tampoco abusan y maltratan a sus esposas. ¿no?
Las niñas nunca tuvieron disfraces. Nunca decoraron la casa. Bueno además eso en Panama no es común.
Isabela debe haber notado mi reacción porque después, cuando las niñas no estaban, me preguntó al respecto.
Y yo le expliqué. Con vergüenza. Con tristeza por todo lo que les negué a mis hijas.
Pero ella solo me tomó la mano y dijo: "Pues este año lo van a tener. El mejor Halloween que hayan visto."
Y aparentemente, empezamos hoy.
A las seis de la mañana.
—Isabela —digo, tratando de sonar razonable—, son las siete de la mañana. EN DIA LIBRE?!
—Lo sé —dice—. Por eso tenemos que apurarnos. Las tiendas abren a las ocho y tenemos que llegar temprano antes de que todo el mundo compre las cosas buenas.