Dieciocho años después de haber sido expulsada por amar a quien no debía, Isabela regresa a la hacienda que alguna vez llamó hogar.
No busca venganza... sino respuestas, y tal vez una nueva oportunidad de empezar.
Allí la espera Graciela, la esposa...
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—Cuando me dijiste que querías que te enseñara a montar, debo admitir que esto no fue lo primero que pensé —digo, cruzando los brazos mientras observo a Graciela parada al lado del caballo, mirándolo como si fuera un dinosaurio a punto de comérsela.
—Cállate —dice ella, y su tono nervioso solo me hace reír más.
Me río—una risa completa que sale desde mi estómago—porque es adorable. Es absolutamente adorable ver a esta mujer que enfrenta todo con tanta valentía, completamente aterrorizada de un caballo.
Graciela había adelantado todos sus pedidos esta mañana. Se levantó antes del amanecer—antes que yo, lo cual es decir mucho—para terminar dos encargos que tenía pendientes para el fin de semana. Pan de huevo para la familia Morales. Empanadas para una fiesta de cumpleaños en Chitré.
La encontré a las cinco de la mañana en la cocina, con harina en la mejilla y esa expresión concentrada que pone cuando está en su elemento. Me quedé parada en el umbral de la puerta solo mirándola durante varios minutos antes de que notara mi presencia.
Y cuando me vio, sonrió—esa sonrisa pequeña y privada que es solo para mí—y dijo: "Quiero que comencemos hoy."
No tuve que preguntar a qué se refería. Habíamos estado hablando sobre esto durante días. Sobre cómo quería aprender a montar. Sobre cómo nunca le habían permitido hacerlo. Sobre cómo Vicente decía que "las mujeres no necesitan estar en caballos."
Pues Vicente puede irse al carajo porque mi mujer va a aprender a montar si es lo último que haga.
Mi? Mi Mujer? ....
Las niñas están en el colegio. La hacienda está tranquila. Es el momento perfecto.
—Este está bien —digo, dándole unas palmadas al cuello del caballo—. Este muchacho es el novio de mi Elphie.
Graciela me mira con esa expresión que dice claramente "¿le pusiste 'Elphie' a tu caballo?"
—Es por Elphaba —explico—. La bruja de Wicked. ¿Sabes? ¿Verde? ¿Incomprendida? Muy yo en mi adolescencia.
—Eres ridícula —dice, pero está sonriendo.
El caballo de Graciela se llama Canelo—Es un cuarto de milla hermoso, de color castaño rojizo que brilla como cobre bajo el sol. Tiene una mancha blanca en forma de estrella en su frente y calcetines blancos en las patas traseras.
Es el caballo más gentil que tenemos. Paciente. Tranquilo. Perfecto para principiantes.
Graciela está usando jeans—esos jeans ajustados que me vuelven loca—y una camisa blanca de manga larga. Tiene una pañoleta roja atada alrededor de su cuello, protegiéndola del sol, y su cabello está recogido en una trenza que cae sobre su hombro.
Se ve como algo sacado de una película del viejo oeste. Como una heroína. Como la mujer más hermosa que he visto en mi vida.
—Bueno —digo, acercándome a ella—. Lo primero es presentarte apropiadamente.