Capítulo veinticuatro: El loco de los gatos.

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XXIV:

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XXIV:

La mejor cena de toda mi vida. Así es como la nombré a la cena de anoche con la familia de Lander.

Eran las diez de la mañana y yo recién me levantaba. El lugar en el que se encontraba Lander esa madrugada, ahora estaba vacío y helado, dándome a entender que él se había levantado hacía horas y me dejó dormir más tiempo del esperado.

Giro mi cabeza hacia la mesa de luz que se encontraba perfectamente ordenada y agarro mi celular para confirmar por segunda vez la hora del día. Eran las diez con quince minutos.

No se escuchaba nada en la casa y parecía que una tormenta había pasado y se había llevado todo.

Tenía cinco mensajes, dos de mi mejor amiga, uno de mi hermano preguntándome dónde había dejado el cargador de su celular y otros dos de Nicholas y Axel que eran completamente diferentes.

No los iba a leer ahora mismo, iba a hacerlo más tarde porque nada era urgente.

Dejo mi celular sobre el lado vacío donde se encontraba mi novio y me quito de encima la manta que había aparecido encima mío de la nada por la madrugada. Las sospechas de que Lander me la había puesto eran de un cien por ciento.

Un hilo de frío pasa por mi cuerpo cuando me pongo de pie a un lado de la cama. Estaba solamente vestida con unos pantalones cortos de pijama que había guardado en la mochila antes de venir y una remera grande que era dos talles más grande que el mío.

Giro mi cabeza en busca del armario, pero al no encontrarlo, fijo mi mirada en la silla que está a un lado de la cama y me encuentro con un buzo en un color azul oscuro. Camino hacia la prenda de ropa y cuando estoy ahí, la agarro y la paso por mi cabeza dejando que caiga sobre mi cuerpo tapándome hasta los muslos.

Ventajas de tener un novio alto.

Una vez me encuentro con la prenda puesta, me vuelvo a girar, pero esta vez para volver a la cama donde estaba mi celular.

Doy dos pasos antes de llegar al lugar donde estaba parada cuando mis pies chocan con una caja demasiado dura que me hace pegar un salto del dolor.

¡Mi dedo gordo!

Me llevo las manos a mi dedo gordo y lo tapo con mis dedos como si eso fuese a calmar un poco el dolor. ¡Pero efectivamente no lo estaba calmando porque dolía como si me hubiesen cortado el dedo!

Tampoco para exagerarlo.

¿Y tú eres exagerada? Sí.

Scoring the Heart ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora