Capítulo 24

10.8K 556 232
                                        

A la mañana siguiente....

Amaneci en la cama de Graciela, sudada, satisfecha y sin remordimiento alguno.
Mi cuerpo adolorido, por el esfuerzo, y por la competitiva cantidad de veces que nos vinimos.

Aún siento el sabor de Graciela en mis lengua.



¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Aún siento el fantasma de sus labios sobre los míos

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Aún siento el fantasma de sus labios sobre los míos.

Como una marca invisible que arde. Como una promesa susurrada contra mi piel. Como algo sagrado que no puedo—no quiero—olvidar.

Siento la piel caliente, cada terminación nerviosa encendida y vibrando, mi cuerpo entero zumbando con una energía eléctrica que no se disipa. Y me costó todo—absolutamente todo lo que tenía—no seguirla por las escaleras en este mismo instante.

Primordialmente únicamente porque no quiero traumar a mis sobrinas.

Así que en lugar de eso, me quedé plantada en la cocina, viéndola desaparecer, mi cuerpo protestando cada segundo de distancia. Sintiendo como si hubieran arrancado algo de mí, como si una parte de mí ahora estuviera subiendo esas escaleras con ella y yo me hubiera quedado incompleta aquí abajo.

Era ridículo. Dramático. Completamente fuera de proporción.

Y completamente verdadero.

Treinta y cinco años en este planeta y nunca—nunca—había sentido esta necesidad visceral por otra persona. Esta urgencia que vibraba en mis huesos, que hacía que cada segundo lejos de ella se sintiera como una eternidad.

Y entonces me volví hacia el fregadero con una determinación casi maniática.

Jamás, jamás en mis treinta y cinco años de vida había fregado con tanta rapidez y tan horriblemente.

Estoy segura—absolutamente segura—que dejé un pegote de jabón pegado en al menos dos tazas y tres platos. Probablemente más. Mis manos se movían en piloto automático, frotando y enjuagando sin realmente prestar atención a lo que hacía, mi mente completamente en otra parte.

Marchita La Bella FlorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora