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12. Femtorina

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Al llegar a casa estaba tan nerviosa que no llamé a nadie de mi familia, me puse a escribir directamente. Pasé el resto de la mañana, escribiendo el discurso, las palabras de Uriel me había inspirado, no creo que fuera el mejor discurso que se hubiera escrito, pero seguro que sería diferente. Cuando termine de escribirlo, me sentí aliviada, aunque seguía igual de nerviosa. Hablar en público nunca había sido mi fuerte. Hubo una vez, en una de mis clases, que cuando me puse a exponer, no sabía ni leer lo que ponían en mis apuntes. Fue horrible.

Quería llamar a mi madre para contárselo, pero no podía hacerlo y si estaba con un paciente. Opté por llamar a la chica de recepción, para que la avisará y cuando pudiera que me llamara. Eso hice y me senté en el sofá a esperar, mirando absorta por la ventana al océano que tenía delante. Las luces del interior de la colonia iluminaban un radio alrededor y podíamos admirar los peces que se acercaban al cristal. Cuando sonó el holonet, di un bote. Despegué en su totalidad el holograma para verla.

—Hola Aly, ¿qué te pasa?
—Hola, no me pasa nada, solo quería contarte algo y no podía esperar hasta que llegaras a casa —le dije poniendo emoción en mi voz, para no preocuparla.
—¿y que es?
—Voy a dar el discurso en la graduación.
—¿De verdad? ¡Qué emoción! ¿Tienes el mejor expediente del curso?
—Eso parece.
—¿Estas nerviosa?
—Un poco
—Si quieres luego te ayudo a prepararlo.
—Ya lo tengo, pero cuando llegues me dices si te gusta.
—Porque no te acercas a recogerme y comemos por aqui. —Mi padre y mi hermano no venían a comer a casa, se juntarían con nosotras directamente en el auditorio.
—Vale.
—Y ya que estas aquí, aprovecho y te hago la analítica.
—No podemos esperar hasta la semana que viene.
—Aly, a partir de mañana vamos a tener mucho lío. Y solo va a ser un minuto.
—Está bien, te veo a las tres.

Todos los años al terminar las clases, mi madre se empeñaba en que mi hermano y yo nos hiciéramos una analítica.

A las tres menos cuarto ya estaba de camino hacia el hospital. Mi madre trabajaba, por las mañanas, normalmente en la primera planta del pétalo, reservada para consultas. Por las tardes, se trabajaba en el área de investigación de enfermedades contagiosas.

Según subías a la primera planta, estaba la recepción. Allí estaba Rosa, Rosa era la chica de recepción. Me acerqué a saludarla.

—Hola Aly. Me ha dicho tu madre lo del discurso. ¿Estarás emocionada?
—Si, mucho.
—Vas a tener que esperarla un poco, ha entrado un chico de urgencia. Siéntate que aviso a tu madre. A ver si me lo animas, que me tiene una carita, el pobre.

La consulta de mi madre era la primera del pasillo, así que con solo darme la vuelta pude ver al chico sentado con la cabeza entre las manos. No llevaba la vestimenta de la colonia. ¿Uriel? Me acerqué hasta él sin acabar de creer que era él. Al ver movimiento, levanto la cabeza y si era él.

—Uriel, ¿qué te pasa? Tienes un aspecto horrible.
—Si me aspecto representa la mitad de lo mal que me siento en este momento, debo estar fatal. Iba a ir mañana al médico de mi colonia, pero el coronel me ha prohibido coger el submarino, hasta que no viniera.
—No tienes muy buena cara —le dije poniéndole la mano en la frente, al notar mi mano fresquita, apoyo se cabeza ligeramente—. ¡Estás ardiendo! Me vas a contar que te pasa o voy a tener que adivinarlo —me miró con resignación
—Cuando tenía cinco años contraje femtorina —de la impresión quite la mano.
—No es contagioso.
—Lo sé, no es eso, solo que no me lo esperaba. Mi hermano la contagió el año pasado. —volví a tocarle, esta vez sujete su mano.

Es una enfermedad vírica muy contagiosa y hasta el año pasado no tenía cura. El paciente que la contraía, tenían que ponerle una inyección cada seis meses.

—Tenía que haberme puesto una dosis antes de venir, pero fueron los exámenes finales y no era el mejor momento de pasarme varios día hecho polvo. No te preocupes, en cuanto que me pongan la dosis estaré bien.

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