Amarrame ᢉ𐭩

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Los siguientes días de la semana pasaron de manera casual, Kageyama y Hinata estaban de lo más normal... ¿Verdad?

Claro que no, desde la noticia de que venían las tía y abuela de Hinata, los nervios de Tobio parecieron expandirse al doble por todo su cuerpo. Sus únicos pensamientos eran esos, como ser un buen chico.

Hinata estaba relajado al principio pero después pensó mejor... Iba a mostrarse de nuevo a su familia ahora embarazado a los malditos 16 años, que buena forma de ver de nuevo a la familia.

Aunque su abuela no parecía un problema real, ella era algo extraña.

La señora Hinata a pesar de su semblante cálido y calmado estaba hundida en nervios, tenía bastante sin ver a su madre y debía cocinar perfectamente... Cualquier error podría provocar un tremendo escarmiento para ella.

"¡Si mi nieto come esto sus bebés saldrán con cabeza de rábano!"

Eso y otras cosas vendrían en el paquete de regaños. Estaba nerviosa pero feliz.

Un día antes de la llegada de la familia, todos parecían locos. Menos Natsu, ella estaba feliz de ser la mimada de sus tías y abuela.

Era la única feliz.

🍡

El sábado amaneció con olor a limpieza, flores y nervios.
La casa de los Hinata estaba patas arriba desde temprano.

—¡Hinata Shoyo, limpia bien esa mesita!, es tu único trabajo, gordo. —gritó su mamá desde la cocina.

—¡Ya lo hice, mamá!, ¡Y no me digas gordo!—respondió él, aunque claramente no lo había hecho, estaba haciéndose el ofendido.

Natsu iba corriendo por el pasillo con un trapo en la mano, fingiendo ayudar, mientras Kageyama estaba en la sala, de pie, sin saber si debía barrer, sacudir o simplemente desaparecer.

—Kageyama-kun, ¿podrías traer las flores del jardín? —le pidió la madre amablemente.

—¡Sí, señora! —respondió con voz firme, como si le hubieran dado una orden del capitán Daichi o del mismo presidente.

Salió disparado al jardín y regresó minutos después con un ramo de flores silvestres... y una hoja pegada en el cabello.

Hinata se rió al verlo.

—Bebé, pareces un explorador perdido.

—Cállate —murmuró Kageyama, intentando sacarse la hoja sin soltar las flores.

La mamá sonrió, divertida, mientras seguía cocinando.

El sonido del aceite burbujeando llenaba la cocina; el olor a jengibre, salsa de soya y cebolla caramelizada se mezclaba con el del arroz recién hecho.

—Mmm, huele riquísimo —dijo Natsu, entrando con los ojos brillantes.

—Es el almuerzo especial para cuando llegan tus tías —respondió la madre—. Pollo teriyaki, ensalada de algas y sopa de miso. Y también estoy haciendo mochi para el postre. E-espero les guste.

Hinata se asomó por la puerta.

—¿Necesitas ayuda, mamá?

—Sí, pon la mesa. Y dile a Kageyama que deje esas flores en un florero, por favor.

Kageyama, concentrado en su tarea, se inclinó para colocar las flores con cuidado.
Pero el florero era demasiado pequeño.
Y, como era de esperarse, una de las flores se dobló.

—¡Ah! —saltó él, tratando de arreglarla.
Hinata lo miró desde la mesa y soltó una carcajada.

—Tranquilo, Tobio, no es un entrenamiento.

Punto de quiebre  .ᐟ.ᐟDonde viven las historias. Descúbrelo ahora