Habíamos salido de mi departamento ella había dicho que me necesitaba para que la llevará al centro comercial, ya habíamos llegado pero no sabia a que veníamos.

—¿Que hacemos aquí?. —pregunté.

—Bueno, necesito comprar un regalo para mi madre ya que es su cumpleaños y como ya pronto estará acá pues lo vine a comprar.—dijo algo emocionada.

Entramos y ella estaba entretenida en una tienda donde venden cosas de mujeres. Habían hombres que le quedaban viendo el culo y a mi me molestaba y demasiado.

Salimos ella había comprado lo de su mamá y seguían Viéndola.

Cuando estuvo cerca mio la agarre de la mano dejándoles en claro que ella es mía o pretende serlo ya que no es real.

—¿Me estas agarrando la mano? .—dijo ella sonrojada.

—No, te agarro un pie, claro que sí tonta, agarro tu mano.—¿Tanto le avergonzaba que alguien le tomará la mano.

Ella no entendía el porque de entrelazar su mano con la mía aunque yo tampoco lo sabia. A veces pienso que este tema del contrato es muy confuso, ella no significa nada, pero después me molesta que la miren. Es como decir que ella es mi problema aunque realmente ella no haga nada en absoluto. Soy vulnerable a ella.

—¿Quieres algo de comer?.—pregunté.

—No, tengo comida en casa, si quieres puedes ir, supongo.—dijo ella con una sonrisa.

—Esta bien.—dije.

Ya estábamos por salida.

—Que buen culo te cargas—dijo alguien detrás de mi. Ella apretó mi mano.

Cuando me voltie lo mire con odio, era el mismo estúpido que casi le pega a bella cuando la conocí.

—¿¡Que dijiste!?.—estaba tan molesto que sentí todos mis músculos tensarse.

—Que tiene un buen culo.—repitió burlón el iba a tener una muerte segura.

Me solte de la mano de Bella y me lance contra el lo agarre del cuello de su camiseta.

—¡ suéltalo, por favor! —grito Nevae.

Yo nunca despegue los ojos del jodido idiota.

—¡Mira idiota vuelves a faltarle al respeto a ella y juro que no vivirás para contarlo!.—dije.

—Vamos, Evan.—dijo Nevae mientras me agarraba de la espalda.

—¿¡Entendiste!?. —pregunté furioso. El asintió con miedo.—Que bueno que lo tengas claro.—dije y lo solté dejándolo caer.

Salí de ahí a grandes zancadas, sabia que Nevae venia atrás mío, pero mi coraje no me hacía darle importancia a las cosas.

—Evan.— dijo en un susurró Nevae.

—¿¡Que!?—dije perdiendo la poca paciencia que me quedaba.

Ella se asustó y retrocedió.

—¡Oh!, vamos lo siento,¿si? —dije.

—Yo solo quiero que no te metas en problemas.—me miró a los ojos, y me calme. Nadie había podido hacer eso ni porque me dieran un fajo de dinero.

—pero, ¿No oíste como te llamaron?—pregunté molesto por su desinterés.

—Si lo hice pero no le di importancia, ignoralo, ellos me dan igual.—Tenia razón debería ignorarlos.

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