Dieciocho años después de haber sido expulsada por amar a quien no debía, Isabela regresa a la hacienda que alguna vez llamó hogar.
No busca venganza... sino respuestas, y tal vez una nueva oportunidad de empezar.
Allí la espera Graciela, la esposa...
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La camioneta de Jax es una porqueria.
No, en serio. Es la vieja Toyota de su difunto papá—que en paz descanse—, una camioneta del año que nació Mayin, con pintura descolorida y asientos que huelen a cuero viejo y aceite de motor. Los resortes del asiento del conductor están rotos, así que cada vez que paso por un bache me reboto como pelota de ping-pong.
Pero es lo único que tengo para moverme, porque resulta que todos los autos de la hacienda—incluyendo la camioneta Ford que mi padre usaba para trabajar y el convertible de Elena—fueron embargados junto con todo lo demás.
Cuando Jax me la prestó ayer, con esa sonrisa socarrona que siempre tiene, lo único que pude hacer fue agradecerle.
—Es la que mi viejo usaba para ir a pescar a Bocas —me dijo—. Huele a pescado podrido y tiene más kilómetros que tu yo juntos, pero anda. Y en este momento, mana, eso es lo único que importa.
Me levanté con una misión: ir a David, comprar todo lo necesario para la hacienda, y arreglar el asunto del colegio de las niñas.
Así que aquí estoy, con una lista y la cabeza llena de cosas que no debería estar pensando.
Cosas como el rostro de Graciela cuando retrocedió ayer.
Cosas como la forma en que sus ojos se llenaron de pánico cuando la toqué.
Cosas como lo mucho que quiero volver a tocarla, pero esta vez hacerlo bien.
Xuxa, Isabela. Concéntrate.
Sacudo la cabeza y me obligo a mirar la lista que escribí esta mañana:
Paja para los establos
Alimento concentrado para caballos y vacas
Comida para gallinas
Herramientas (cepillos, rastrillos, palas)
Medicamentos veterinarios básicos
Comida para la casa (porque la despensa está vacía)
Útiles escolares
Ese último ítem me detiene.
Útiles escolares.
Porque resulta que las niñas no han ido al colegio desde que arrestaron a Vicente. Graciela me lo contó esta mañana, con esa voz baja y avergonzada.
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