Creí que con mi comentario que me estaba robando mi tiempo, Sofía se iba a quedar tranquila, o al menos resoplar e irse de una vez… pero no. Esta mujer no sabe rendirse.
Apenas di media vuelta para volver a mi oficina, sentí que alguien me tiraba suavemente del saco. Y antes de que pudiera girar del todo, Sofía ya estaba frente a mí, con esa sonrisa descarada que me pone nerviosa.
—Ah, con que yo te robo tiempo… —susurró, acercándose más de lo prudente.
—Sofía… —quise advertirle, pero no terminé la frase.
Porque entonces me robó un beso. Sin permiso, sin previo aviso. Y encima se aparta riéndose.
—¿Sabés qué más soy? —dijo, con sus ojos brillando de travesura—. Soy ladrona de besos.
Me quedé inmóvil unos segundos, parpadeando como si me hubieran atrapado fuera de guardia en una misión peligrosa. ¿Ladrona de besos? ¡Por Dios! Solo Sofía podía inventar semejante estupidez y hacerla sonar… encantadora.
—No tienes remedio —alcancé a gruñir, aunque mi voz sonó mucho menos firme de lo que planeaba.
—¿Y sabés qué es lo peor? —agregó, inclinándose de nuevo, tan segura de sí misma que me desespera—. Que pienso seguir robando.
La besé yo esta vez, quizás como castigo, quizás como rendición. Quizás… como todo junto.
Me separé de golpe al acordarme que estamos en medio pasillo.
—vete, Sofí. Tengo trabajo. —Le di la espalda para que no notara el leve sonrojo que traía encima.
Pero su voz me siguió hasta unos pasos más, cargada de burla:
—Esta bien, pero dame más “tiempo de descanso”… yo te lo administro mejor que nadie.
Cerré los ojos un momento, suspirando. Esta mujer es definitivamente sexi en todas sus maneras.
No pude evitarlo. La risa me salió sola, bajita primero y después más fuerte, hasta que terminé cubriéndome la cara con una mano. No por lo graciosa que era Sofía, sino porque me resultaba imposible no reírme de mí misma: la mujer que juró no volver a enamorarse, cayendo en cada una de las trampas descaradas de la “ladrona de besos”.
De pronto sentí unos brazos rodeándome por detrás, firmes y cálidos, y el perfume de Sofía llenando mi espacio personal (ese que cada vez existe menos).
—Larita… —susurró contra mi oído con esa voz melosa que sabe usar cuando quiere conseguir algo—. ¿Hoy me acompañás a una cena familiar?
Pegué un respingo y me giré un poco para mirarla con los ojos entrecerrados.
—¿Una cena familiar? —repetí, exagerando el tono como si me hubiera propuesto casamiento—. ¿No creés que vas demasiado rápido? ¿Qué sigue? ¿Casarnos, planear el viaje de bodas, adoptar un perro?
Ella soltó una risa y apretó más el abrazo, como si no le afectara nada de lo que digo.
—Entonces… ¿no quieres ir? —preguntó, arqueando las cejas.
Solté un suspiro teatral, como si estuviera cargando el peso del mundo en mis hombros.
—No dije eso… solo que prefiero ir lento. Paso a paso, ¿entiendes? —lo dije mirándola fijamente, con una seriedad fingida que no me creí ni yo.
Sofía ladeó la cabeza, y su sonrisa traviesa apareció de inmediato.
—Ajá… o sea, que me estás dando una oportunidad.
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Corazón blindado
RomanceTras ser plantada en el altar, Lara decide no volver a sentir, así cerrando su corazón. Todo cambia cuando aparece Sofía, una chica narcisista, divertida y llena de fuego, que desafía sus muros y la obliga a redescubrir el riesgo -y la belleza- de v...
