El gimnasio olía a sudor, resina y esfuerzo. Las pelotas golpeaban el suelo con fuerza, los gritos de ánimo resonaban entre las paredes, y el eco de los tenis al correr llenaba el aire con ese ritmo que tanto le gustaba.
Shoyo estaba sentado sobre un banco, con una botella de agua entre las manos y una sonrisa tranquila en los labios. Ya no podía moverse con la misma energía de antes, pero disfrutaba cada segundo de estar ahí, mirando a sus compañeros entrenar. Acariciaba su pancita cuando los gemelos empezaban a patear, desde la última vez que patearon no se quedaron quietos y si bien era algo bonito, a veces lo molestaba.
Tanaka soltó un grito triunfal al anotar un punto, y Nishinoya casi lo arrolla de la emoción. Asahi se reía a un lado, mientras Suga les lanzaba una mirada de advertencia desde la línea de fondo. Daichi, como siempre, mantenía el orden con su tono firme, aunque no podía evitar sonreír también.
—¡Vamos, Kageyama! —gritó Shoyo desde su asiento, levantando una mano—. ¡Esa recepción fue buenísima!
Kageyama volteó un momento, con esa expresión seria que no engañaba a nadie, y levantó la ceja.
—Cállate y mira —le respondió, pero una sonrisa se le escapó igual.
Shoyo rió bajito, disfrutando del ambiente. Se sentía bien volver a escuchar las risas, los pasos, el sonido de la red. Aunque no podía entrenar como antes, sentía que seguía siendo parte de todo eso. El amor que le daban los chicos era más que suficiente para sentirse bien.
Yachi y Kiyoko se acercaron a saludarlo entre ejercicios, dejándole una bebida fría y un par de palabras dulces.
—Te ves más tranquilo últimamente, Hinata —comentó Kiyoko con una sonrisa amable.
—Sí —admitió él—. Me hace bien verlos jugar. Aunque me muero por saltar otra vez.
—Y lo harás —respondió Yachi con entusiasmo—. Todos estamos esperando verte en la cancha otra vez. Solo hay que esperar que salgan estos pequeñitos.—Yachi acarició la pancita ya totalmente notoria de Hinata.
El sol de la tarde entraba por las ventanas altas, bañando el lugar con una luz dorada. Los chicos siguieron practicando, y Shoyo los observó con calma, sintiendo esa mezcla de orgullo, nostalgia y felicidad que solo podía darle el voleibol y sus amigos. Incluso sus bebés se calmaron un poco moviéndose ligeramente, solo empezaban a patear de más cuando Kageyama gritaba o hablaba.
Por un momento, cerró los ojos, escuchando el eco de la pelota rebotar y las voces de sus compañeros.
Sí... este era su lugar. Siempre lo sería.
El silbido de Daichi marcó el final del entrenamiento. Poco a poco los chicos fueron bajando el ritmo, algunos dejándose caer en el suelo, otros buscando sus botellas de agua como si fueran tesoros.
—¡Buen trabajo! —gritó Suga, levantando la mano.—Sigan así, cada día veo más mejoras en ustedes.
Tanaka, completamente empapado, tropezó hacia donde estaba Shoyo.
—¡Hinaaaataaa! —exclamó dramáticamente—. ¡Viste mi saque! ¡Fue épico!
Shoyo no pudo evitar reírse al verlo tan entusiasmado.
—Sí, Tanaka-senpai, aunque el balón salió por toda la cancha...
Nishinoya, que venía detrás, soltó una carcajada tan fuerte que casi se cae.
—¡JA! ¡Lo vi desde aquí! ¡Tanaka lanzó como si quisiera destruir la pared!
—¡Cállate, Noya! ¡Era táctica! —protestó Tanaka, inflando el pecho.
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Punto de quiebre .ᐟ.ᐟ
Fanfiction૮꒰ ˶• ༝ •˶꒱ა ♡ Ser un jugador Omega era un poco complicado y no por el juego en sí. Era extraño estar saliendo con uno de los Alfas de tu equipo aunque no era algo que perjudicara los partidos... Era muy probable que la noticia de una vida creciendo...
