Capitulo 1

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Habían pasado varios años ya, desde que ese juego había iniciado, para nunca terminar. Habían pasado ocho años más, para la vida de Daniel, y en esos ocho años habían pasado demasiadas cosas.

Cuando él ya tenía doce años, su madre murió de una enfermedad al corazón, a pesar de ser bastante joven. Descubrieron que tenía un pequeño, gran, problema. Una cardiopatía isquémica. Algo que resultaba peligroso para él también, ya que es una enfermedad hereditaria.

Luego de esa tragedia, el comenzó a vivir con sus abuelos, Martha y Theodor, pero por poco tiempo, ya que un día apareció su padre, el hombre que jamás se había hecho cargo de él. Un hombre, que por ser demasiado joven, jamás había aceptado la existencia de su hijo.

Luego de análisis de sangre y por medio de muchos abogados, Anthony, consiguió legalmente la tenencia de su hijo, y este tomó su apellido, llamándose ahora, Daniel Morgan.

Daniel y Christian seguían con su juego, aunque no con la aceptación del menor, ya que nunca era avisado de cuando lo besarían, ni por qué. Pero no por esa razón le disgustaba del todo, a decir verdad no le disgustaba ni un poco, pero eso era algo que él y su orgullo no admitirían, ya que no estaba seguro de la relación que compartían.

Pero hacía ya dos años que ellos dos no se veían, no porque no lo quisieran, sino porque Christian ahora estaba en la universidad, muy lejos de allí, estudiando psicología.

Daniel ya no era la misma persona, ni estaba cerca de serlo. No había cambiado tanto, para las otras personas. Pero su interior estaba lleno de pensamientos negativos, y cosas que solo se quedaban entre él y los espejos.

No se sentía con la libertad de hablar de aquello con nadie, solo con los espejos, ya que en el fondo, ellos pensaban de la misma forma que él.

"¿Te das cuenta de lo poco que sirves? Las personas como tú solo alimentan a la superpoblación. No tienes futuro, te aseguro que no llegaras vivo a los veinte años."

"Eres patético, tan estúpido y egoísta que en vez de afrontar tus problemas, prefieres dejárselos a los demás y descansar."

"¿Por qué alguien te querría, si no eres más que un estorbo, una piedra, una basura, y un desperdicio de tiempo y espacio?"

Esas eran algunas de las tantas cosas que se decía, mientras que se veía su reflejo, arrancándose los cabellos, abofeteándose, cortándose, y burlándose de sí mismo por llorar tan libremente, sin siquiera merecérselo.

Pero esas cosas quedaban escondidas. Secretos que jamás saldrían de esa caja imaginaria en la que estaban encerrados.

Nadie se daba cuenta de nada de lo que le ocurría. Siempre llevaba camisetas que le quedaban muy grandes, así que sus cortes jamás se veían. Siempre tenía una actitud positiva estando junto a otras personas, siempre reía, y sonreía, aunque en el fondo no era tan feliz como lo aparentaba.

Siempre tenía las manos frías, cosa que le gustaba, ya que decía que lo hacía sentir un poco más muerto. Le gustaba sentirse así. Al igual que cuando cerraba sus ojos en la oscuridad y el silencio de la noche. Se sentía refugiado y a salvo.

Se despertó, maldiciendo por estar vivo, y sintiendo como el molesto calor del sol lo golpeaba en la cara. Por suerte las vacaciones de invierno habían llegado. Hoy no tendría que hacer nada, y tendría otras dos semanas completamente libres.

Bajó las escaleras, para encontrarse con su padre, quien estaba bebiendo café, como todas las mañanas.

-Hola, buen día... Pa, puedo ir hoy a la casa de Thomas, me dijo que debía mostrarme algo-

-Bien, puedes ir, pero báñate, y avísame si te quedas allá o vuelves a dormir acá ¿Sí?-

-Está bien, me voy a bañar ahora...- avisó antes de subir la escalera, y entrar en el baño.

Se desvistió mirando las heridas de su cuerpo. Quemaduras, cortes, moretones, y mordidas. Estas heridas y mascas iban desde los tobillos hasta el abdomen. Algunas más nuevas que otras, algunas ya eran cicatrices completamente cerradas.

Le daba nostalgia pensar que alguna vez su cuerpo había sido como cualquier otro. Que antes no tenía que esconderlo de las miradas críticas que las personas. Que antes podía vestir lo que quisiera, y salir a la calle sin miedo a que lo juzgaran.

Entró a la ducha, dejando que el agua corriera por su cuerpo, haciendo que sus quemaduras y cortadas más nuevas ardieran. No le gustaba ese ardor. Le hacía recordar que estaba vivo.

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Hola gentecita :3 aquí esta el primer capitulo de esta historia, que vendría a ser algo así como una introducción en la vida de Daniel después de ocho años, o algo así.

Probablemente nadie esté leyendo esto, pero no importa, porque yo voy a continuar con la novela ¿Por qué? Pos... porque tengo la esperanza de que alguien la empiece leer, ya sea un alguien o muchos alguienes, así que si hay alguien al otro lado de la pantalla leyendo esto, le agradecería que votara, eso me haría mega archi muy feliz :D

Si les gustó hagan que lo sepa, votando, comentando, y siendo geniales! Y si no les gustó, voten y comenten igual, porque YOLO :{)

                                                         
☆ Besotes de jirafa ☆

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