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11. Inscripción

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Era tan pequeña cuando dije por primera vez que quería ser terranauta que ni siquiera puedo recordarlo. Aunque me lo han recordado tantas veces, que es como si lo hiciera. La verdad es que hace tiempo que dejaron de hacerlo, quizá fue cuando empecé a avergonzarme de ello. ¿Por qué empezó a hacerlo? Quizá porque la gente ese reía cada vez lo contaban.

En cuanto que sonó el despertador salté de la cama, estaba ilusionada con recibir las notas, con presentar mi inscripción para las pruebas de Cristalesfera y con mi graduación, que sería esa tarde. Cuando me levante estaba sola en casa, mis padres ya estaban trabajando y mi hermano se había ido a la universidad. Así que me arreglé todo lo rápido que pude y me dirigí hacía el instituto. Cuando llegué allí, había corrido tanto que aún quedaba más de veinte minutos para que empezaran a repartir la notas. Decidí pasarme por el despacho de Uriel y allí estaba él con cara de sueño. Me contó que había dormido poco esa noche. Me dijo que me esperaba en una hora y que no me daba ni un minuto más, con una sonrisa en los labios.

Mientras caminaba hasta mi clase, era consciente de que sería la última vez que recorrería ese pasillo o al menos si lo hacía ya no sería como estudiante. Quizá algún día viniera como Uriel para reclutar a los nuevos alumnos, ya podía imaginarme en la clase del año siguiente, contándoles mi experiencia en Cristalesfera.

Algunos de mis compañeros ya estaban por allí, y mis amigas me llamaron desde pupitres del fondo.

—¿Lista para dar el discurso? —me comentó Sheila.

¿El discurso? ¿El discurso del cierre del curso académico? Oh no. Lo había olvidado. ¿Quién daría el discurso este año? No podía ser yo. Miré a mis compañeros, intentando adivinar quien sería.
—¿Yo? No. Yo no puedo dar el discurso. Seguro que hay alguien con mejores notas que las mías —volví a mirar a Sheila—. ¿No?
—Tienes todas las papeletas Aly. Seguro que eres tu.

¿No podía ser yo? Sé que es un honor tener la oportunidad de dar el discurso. Ser reconocida por tener el mejor expediente académico del año. Pero daría cualquier cosa por ser la segunda. Qué iba a decirles a mis compañeros del maravilloso futuro que nos espera cuando ni siquiera sabía cual iba a ser mi futuro.

La profesora entró a la clase y se sentó en la mesa. Lo demás nos sentamos también en las mesas, todo era más informal ahora que ya habíamos terminado el curso. Comenzó a darnos el típico discurso de que ha sido un placer enseñarnos y vernos crecer tanto por dentro como por fuera. Y que ahora teníamos que volar y hacernos hombres y mujeres de provecho. Deseaba que acabará y me liberará de esta angustia. Ni siquiera había pensado en que esto podía ocurrir hasta que Sheila lo había mencionado. Empezó a repartir las notas, uno tras otro nos fue nombrando y nos acercamos a recogerlas. Cuando vi mis notas eran incluso mejores de lo que esperaba. Necesitaba que mi expediente fuera brillante para tener más oportunidades de entrar y compensar mis carencias físicas, pero el discurso ¡no!

—Y por último solo me queda comentaros quien dará el discurso este año —uno tras otro todos mis compañeros empezaron a mirarme sin que ni siquiera dijera mi nombre, aún—. Efectivamente Alyssa, el mejor expediente del año es el tuyo.

Estaba en shock, esto no me podía estar pasando a mí. Pero que diablos iba a decir. Solo faltaban siete horas para la graduación y tenía que escribir el discurso. No podía hacerlo. De repente todos mis compañeros empezaron a darme la enhorabuena y yo no podía oírles me faltaba el aire. No sé muy bien como llegué a la cafetería, pero allí estaba con un refresco en la mano y celebrando el final del instituto. Poco a poco, todos empezaron a irse y hasta que me dejaron sola.

Tenía que ir a hacer la inscripción y después irme corriendo a casa, para escribir el discurso. Volví al despacho de Uriel y allí estaba solo, como el resto de la semana.

—Pensaba que te habías olvidado de mí —me dijo al verme pasar
—Eso nunca. Mis compañeros se han empeñado en que teníamos que celebrarlo y hemos acabado en la cafetería.
—¿Tienes todo lo que te pedí?
—Eso creo
—Pues vamos a ellos.

Empece a mandarle el documento de ciudadano de la colonia. El certificado medico con el historial de enfermedades que había pasado. Y el expediente de mis años en el instituto.
—Vamos a rellenar el perfil con tus datos personales.

Me fue preguntando el nombre completo, el número de holonet, dirección, edad, sexo, etc. Y después paso a la segunda parte, el expediente académico del último curso.

—Aquí solo se tiene en cuenta las asignaturas de ciencias y la asignatura que no sé como la llamareis aquí, relacionada con el deporte, también contará si has estado en alguna actividad extra escolar —me comentó.

Verás cuando vea mi nota en la clase de educación física. No lo quería ni imaginar. Abrió el fichero que le había pasado y comenzó a copiar las notas de ciencias. Matemáticas un 9, física un 9'5, química 9,25, biología 8,75 y geología un 9.

—Aly, ¡estas son tus notas! ¿No me dijiste que tenía una media de 8? Son increíbles.
—Ya, tengo una media de 8,5, has visto las de letras.
—Si, ya las veo. Pero esas no cuentan. Vamos a poner la de educación física, ¿no?
—Si, este año no hemos tenido, tendrás que coger la del año anterior —le dije poniéndome como un tomate.
—¿Qué pasa? —me tapé la cara intentando ocultar la vergüenza—. Tienes un 5. ¿Un 5? ¿Aly?
—Ya no lo digas. Necesitaría ocho vidas para pasar las pruebas.
—Ehi, Aly, yo no he dicho eso. No te preocupes, esa nota sola la tendrían en cuenta si el resto no fuera buenas.

Él no, pero mi hermano si lo había insinuado.

—Tienes un expediente increíble, no necesitas hacer unas pruebas brillantes. Me apostaría todo lo que tengo a que es el mejor de todas las inscripciones —baje la cabeza hasta apoyarla en la mesa completamente—. Aly puedes hacerlo.
—Deja de decir eso.
—¿Qué te pasa? Es por las pruebas o...
—No
—Aly, sino quieres hacerlo, yo no... —no le deje acabar
—No es eso. Has dicho que es muy posible que sea mejor expediente...
—¿Y? Es inc...
—Increíble si. También es el mejor expediente de la colonia y tengo que dar el discurso de fin de la graduación.
—Pero eso es un honor. Aly...
—No lo digas. No me digas que puedo hacer todo lo que me proponga. Que voy a decir. No sé ni lo que voy a hacer el año que viene ni siquiera soy capaz de decidir que quiero hacer.
—Aly dime una cosa. ¿De verdad no lo sabes? ¿O es tu miedo el que habla?

¡Es mi miedo! Siempre he sabido lo que quería hacer, pero tenía miedo de hacerlo realidad.

—¡Eres un genio! —exclamé.
—¿Quién yo?
—Tengo que irme. Tengo un discurso que preparar. ¿A qué hora te vas?
—Hasta las seis puedo quedarme por aquí, ¿por?
—Entonces no te da tiempo a venir a verme.
—¿A qué hora es?
—Empieza a las cinco y media, dura alrededor de una hora. Mi discurso es justo al final.
—Intentaré acercarme, pero no sé si podré ir. Tengo que estar sobre las nueve y media en Cristalesfera.
—No te preocupes. Entonces esto es una despedida. Por si no nos vemos.
—Si, espero verte en Cristalesfera en veinte de agosto, no me falles.
—No lo haré. Intentaré prepararlas lo mejor que pueda.
—Se que lo harás. Yo confío en ti.
—Gracias. Tienes mi número por si... —pero que diablos acabó de decirle. Me salió sin pensar. Menos mal que ya me había dado la vuelta y no podía verme la cara.
—Espera, no te he dado el mío, por si tienes alguna duda o necesitas algo —no podía creerlo ¿me estaba dando su número personal?

Lo anoté mientras él se acercaba a darme un abrazo y un beso de despedida. Seguro que me sonrojé. Le mire por última vez y salí del despacho.

¿Serían la última vez que se vería? ¿Podría escaparse para verla dar el discurso? Lo veremos en el próximo capítulo.

Nos vemos en el siguiente capítulo. Y ya saben comenten lo que quieran y si les ha gustado pulsar en la estrellita. Besos.

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