Capitulo 12

5.2K 510 5

Estaba sentada en la cocina con mi hijo, ya había pasado una semana desde la propuesta de Erick y ambos habíamos decidido hablar con nuestros hijos, no le diríamos que nos íbamos a casar pero sí que estábamos juntos, como una pareja. Queríamos, primero, que ambos se acostumbraran a la idea, que supieran que él se quedaba en mi casa algunas noches y claro, también queríamos saber la opinión de cada niño con respecto a nosotros.

—¿Se van a casar?—me preguntó Feña apenas acabé de hablar, abrí mi boca y luego la cerré, no esperaba que preguntara eso.

—Por…por qué lo preguntas.

—Casi siempre están juntos—volví a encontrarme sin saber que decir.

—¿Te agrada Erick?

—Pues si—dijo—es agradable.

—Pero todo esto, de que salgamos, que estemos juntos.

—A mí me parece bien, nunca había visto que tuvieras novio—se calló—son novios, cierto.

—Sí—dije—lo somos.

—Entonces se van a casar.

—Yo…te molestaría—moví mis manos en la mesa—si pasara eso, nuestra familia seria el doble de grande.

—Cierto—dijo suavemente—Marci sería como mi hermana—asentí y evite sonreír ante el apodo que le había puesto a la niña, era algo más acorde.

—Y Erick como tu papá—murmure, él guardo silencio, más tiempo de lo requerido.

—Está bien—soltó y lo escuche ponerse de pie, llego a mi lado—me alegra mucho que hayas encontrado a alguien mamá.

—Mm—dije torpemente, él continuo.

—No me molesta que ahora ellos sean parte de la familia, es más divertido—beso mi mejilla y se alejó.

—Pero—dije, se detuvo—no es algo pasajero…

—Lo sé—dijo como si fuera lo más obvio—si se casan será para siempre, está bien.

Luego de eso salió por la puerta y me quede ahí, un tanto sorprendida de lo normal, casi bien, que todo esto había salido, luego me encogí de hombros, ojala todo fuera tan fácil.

Erick se tomó con la misma sorpresa que yo las palabras de mi hijo y me conto sobre su hija. Su respuesta había sido más seria y distante, solo un encogimiento de hombros y un “está bien”. Él suspiro cuando termino de decírmelo.

—Quizás yo debería hablar con ella—sugerí.

—No, déjala, creo que se irá acostumbrando a la idea.

—Bien—murmure.

—Pero me alegra que tu hijo este bien con esto—sonreí.

—A mí también—dije aunque pensaba en Marci.

Ahora nuestras salidas fueron más seguidas, por lo menos una vez a la semana salíamos solos, otras veces con ellos. Visitábamos juegos de entretenimiento, zoológicos e incluso una vez los acompañe al cine, claro, yo solo escuche a los actores pero como la película era una comedia la disfrute.  Las otras veces Erick salía solo con los niños, o yo me quedaba con ellos en la casa, tratándolos normalmente e intentando, por mi parte, hacer a Marcia hablar más conmigo.

—Tú quieres ser mi mamá—me pregunto un día mientras estábamos en la cocina, todos nos congelamos en nuestros lugares.

—Marcia, cariño—dijo Erick pero me adelante.

—¿Por qué no ponen la mesa?—le dije, él acepto un tanto renuente pero los oí salir del lugar junto con mi hijo.

Me acerque a ella, como estaba en la mesa me senté en frente.

—Marcia, escucha—suspire—yo…no voy a decirte que no deseo que me veas de esa manera, como tu mama,  pero debes entender que yo no quiero ocupar su lugar en tu corazón, ella siempre estará contigo —puse mis manos en la mesa—yo quiero mucho a tu papá, a ti también y me gustaría ser tu amiga ante todo—no dijo nada—puedes confiar en mí para lo que desees, no te voy a obligar a decirme mamá ni nada por el estilo, incluso me puedes tratar por mi nombre…—me callé al darme cuenta que hablaba muy rápido.

—No quieres ser mi mamá—dijo ella, abrí y cerré mi boca.

—Si tú quieres—dije lentamente.

—Yo sí quiero—la oí decir muy bajito, libere toda tensión en mi cuerpo y sonreí.

—Entonces sí, me gustaría—ella se puso de pie y llegó a mi lado, esperé.

Sentí los brazos vacilante de Marcia rodear mi cuello, le devolví el gesto con más energía sin dejar de sonreír.

Unos minutos después Erick y mi hijo regresaron, yo estaba cocinando tranquilamente y ella estaba terminando de mesclar una ensalada. Ambos niños fueron a la sala un rato mientras terminábamos.

—Todo bien—pregunto Erick, asentí.

—Sí, más que bien—dije.

Aun dentro de la Oscuridad¡Lee esta historia GRATIS!