Tokio, Japón.
parpadeaban frente a él, pero por primera vez en mucho tiempo, Kenma no sentía ganas de jugar. Tenía el mando en las manos, sus dedos quietos sobre los botones, inmóviles, como si estuvieran congelados. La habitación estaba en silencio, demasiado silenciosa, y esa ausencia de ruido solo le recordaba una cosa: ya no estaba Kuroo.
Voces alzadas, palabras lanzadas como cuchillos, y una frase final que todavía le ardía en el pecho: "E-es mejor que estemos lejos, no quiero que me hables otra vez fuera del juego. Tú y yo no somos nada." quedó quieto, con esa expresión neutra que muchos confundían con indiferencia, aunque por dentro todo se derrumbaba.
Desde aquel día, cada esquina de su rutina lo perseguía con recuerdos. El asiento vacío junto a él en el tren, los mensajes sin contestar, las notificaciones mudas en su celular. El eco del silencio pesaba tanto que hasta el más simple movimiento se sentía agotador.
Kenma nunca había sido alguien expresivo; su mundo era pequeño, cómodo, formado por las pantallas de sus juegos y la presencia inquebrantable de Kuroo. Y ahora, con esa presencia arrancada de golpe, el vacío parecía devorarlo. No lloraba, no gritaba, no rompía nada. Solo existía en un letargo gris, atrapado en la misma partida que nunca terminaba, porque en el fondo sabía que, aunque encendiera mil consolas, en ninguna iba a aparecer el "jugador dos" que siempre lo había acompañado.
Lo peor no era la pelea. Lo peor era la duda que lo carcomía: ¿habría sido demasiado tarde para intentar arreglarlo? De igual forma no tenía arreglo, lo que me dijo lo seguía atormentado cuando él fue en su momento la única persona que apoyó a Tetsuro sobre todas las cosas.
¿Por qué tuvo que decir eso? El realmente no quería hacer sentir mal a ese punto a Kuroo. Jamás quiso hacerlo pero la situación lo llevó a eso.
Y sobre todo, sus actitudes no solo rompieron su lazo.
Lev y Yaku casi no se hablaron desde que Lev supo aquello.
Y menos le hablaba a Kuroo, el equipo que en algún momento fue tan especial ahora eran extraños jugando con una misma camisa.
Kuroo intentó hablar con Lev diciéndole que eso solo fue algo del momento y que nunca volvió a intentar algo con Yaku ya que lo consideraba un buen amigo pero todo fue en vano.
Tantos problemas sin ninguna solución.
¿Por qué las cosas tenían que ser así? Los problemas llevaban tiempo en arreglarse y dudaban dar el primer paso.
🍡
Lunes, 10:10 am.
El gimnasio estaba lleno de ruido: los pasos apresurados, los balones rebotando, las voces que se mezclaban en un torbellino de energía. Todos menos dos.
Kenma estaba en su sitio habitual, con el balón entre las manos, pero ni siquiera sentía la textura áspera de la superficie. Pasaba el balón, lo devolvía, cumplía con lo mínimo... nada más. Su mirada se perdía cada tanto en la figura que estaba frente a él, la silueta alta que conocía de memoria, la que antes le transmitía seguridad.
Kuroo.
Él también parecía distinto. Se movía con la misma destreza de siempre, pero su energía ya no contagiaba al resto del equipo. Su voz, que solía elevarse en bromas y gritos de ánimo, apenas se escuchaba. Ahora solo se limitaba a dar indicaciones cortas, serias, como si las palabras le pesaran. Y cuando sus ojos se cruzaban con los de Kenma —ese segundo inevitable en medio del juego—, ambos apartaban la mirada con torpeza, como si ese simple contacto quemara.
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Punto de quiebre .ᐟ.ᐟ
Fanfiction૮꒰ ˶• ༝ •˶꒱ა ♡ Ser un jugador Omega era un poco complicado y no por el juego en sí. Era extraño estar saliendo con uno de los Alfas de tu equipo aunque no era algo que perjudicara los partidos... Era muy probable que la noticia de una vida creciendo...
