10. Puertonenúfar

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Sus caras parecían otras, solo con verles sonreír, sabía que habían estado hablando y que habían aclarado dudas y temores. Me daban un poco de envidia verles tan felices juntos.

—¿Qué tal la mañana? —les pregunté. Mi hermano miró a Saphi y la cogió de la mano—. ¿Todo bien?
—Sí, hemos estado hablando y estoy mejor —respondió Saphi, devolviéndole una sonrisa. Mi hermano se relajó.
—¿Y tú qué, ya sabes pilotar un submarino? —me soltó con sarcasmo.
—Eso deberías preguntárselo al profe —le respondí, pero Uriel no le dio opción.
—Yana, tu puedes hacer cualquier cosa que te propongas y sabes que lo has hecho genial.

Se me tuvo que quedar cara de boba. Miré a Orlando de reojo y lo vi riéndose. Miré a Saphi con cara de por favor sácame de esta y ella pilló la indirecta.

—Hemos pensado en comer en el yate, ¿os apetece? Así estaremos más tranquilos.
—Claro — miré a Uriel.
—Vamos.

Los seguimos hasta el yate y cuando entramos ya tenían preparada la comida en la mesa. Nos alejamos un poco de la colonia pero sin perderla de vista en el horizonte. Mi hermano llevó a Uriel al puente y estuvieron conversando de barcos y submarinos. Yo me senté con Saphi en la cubierta, para tomar un poco el sol.

—¿Cómo se ha portado bien mi hermano? —le pregunté
—Al principio estaba un poco cortado, pero después se ha ido soltando. Menos mal porque yo no sabía que decirle. Se nos ha olvidado hasta la hora, por eso hemos llegado tarde.
—Ya os veo.
—Y el musculitos, ¿se ha portado bien?
—Está un poco raro hoy. Creo que ha discutido con alguien. Diría que con su novia.
—¿Estás segura?
—No, pero cuando le he preguntado me ha dicho la típica frase que los chicos dirían de su novia.
—¿Cuál?
—Ya debería estar acostumbrado.
—Es posible, si. Al menos sabes que ha discutido con ella. Nunca se sabe.
—No seas mala.
—Yo sigo pensando que le gustas un poco. Mira lo que te ha dicho y te está ayudando, no creo que esté entre sus tareas. Creo lo que hace porque quiere ayudarte.
—Sí, lo está haciendo en su tiempo libre.
—Simplemente por eso deberías intentarlo.
—Mañana tengo que llevarle todos los datos, para hacer la inscripción. En cuanto me den las notas. Es su último día aquí.
—Pídele su holonet, con la excusa de que lo puedes necesitar para alguna duda.
—Él tendrá el mío, lo puede apuntar mañana.

Los chicos pararon el motor y se acercaron para comer, el resto de la tarde nos la pasamos charlando de la colonia y de sus absurdas normas. Uriel flipaba con ellas, nos dijo que si él viviera aquí, le acabaría tirando por la borda.

Después de ver el atardecer desde el yate, pusimos rumbo a la colonia. Cuando vi como mi hermano pasaba el brazo por la cintura de Saphi, deseé que Uriel hubiera hecho lo mismo conmigo, como podía ser tan idiota. Le acababa de conocer, no sabía nada de él ni de su vida. Le había contado cosas que nunca le había contado nadie, sin embargo él no había contado nada. Lo único que sabía de él es que vivía en Cristalesfera y que era piloto, que podía conducir cualquier vehículo acuático sin dificultad y que era el mejor. Ni siquiera me había dicho, cuál era su colonia de origen, ni cuáles eran sus normas, ni había hablado de sus padres. Quizá fuera ese halo de misterio que le envolvía lo que le hacía parecer irresistible.

Cuando llegamos a la colonia mi hermano se quedó mirando a Saphira.

—¿Quieres que te acompañe a casa? —Saphira le miró sorprendida.
—¿Estás seguro? Mi padre puede ser un poco borde.
—Tarde o temprano tendré que hacerlo y no quiero tener que esconderme.
—Ok, intentaré que no te mate —le respondió Saphira de broma.
—¿Estás intentando asustarme? Porque no te va a funcionar —le dijo Orlando mientras le daba un suave beso en los labios, para que se callara.

Dejamos solos a los tortolitos y nos dirigimos hacía las viviendas. Sin poder quitarme de la mente la imagen de mi hermano besando a Saphi, cuando...

—Yana, cuando quieres esconderte del mundo y estar sola, ¿dónde vas? —me sorprendió mucho la pregunta. Me quedé callada un instante, pensando la respuesta.
—¿Esconderme? No sé, para esconderme y desaparecer cualquier sitio me vale. Pero hay un sitio al que me gusta ir sola, pero no para esconderme. No suele ir mucha gente. Sobre todo a las horas a las que voy yo —en ese momento me dio por pensar en las palabras de mi hermano, confías en él. —¿No serás un asesino en serie, verdad? —en realidad, algo que me daba más miedo que me matará era que intentará propasarse, pero no me atreví si quiera a pronunciar esas palabras—. Uriel se río al instante.
—Si quisiera hacerte daño, no creo, que sea el momento más oportuno. Tu hermano sabe que estás conmigo y me ha dicho que se te pasaba algo me perseguiría.
—Solo por eso me libro —le insinué
—¿Me llevarías? Prometo portarme bien —que había querido decir y porque estaba temblando. No podía comportarme como una cría, ya era adulta, y aunque esta situación fuera nueva para mí, no quería despedirme de él y quería apurar mis últimas horas con él.
—Claro, vamos.

Tenía claro cuál era mi lugar preferido y además era la hora del día propicia para ir. Además mi hermano sabría donde encontrarme. Nos dirigíamos hacía el centro de la colonia. A la laguna. Era un lugar donde esconderme, de noche no solía ir nadie por allí. Creo que era la única que encontraba distracción en admirar las estrellas, tumbada a los pies de la laguna artificial.

—¿Me vas a decir donde me llevas? —me preguntó intrigado al ver que no se lo contaba.
—¿Cuándo me cuentes porque quieres ir allí? —le respondí con otra preguntes
—Es mi último día aquí y no quiero pasarlo solo encerrado en una habitación y... —se quedó callado unos segundos —y hay algo en ti, qué...
—¿Qué? Te parezco un poco loca.
—¿Loca? ¿Tú? Tu eres la persona más sensata que he conocido nunca. No es eso. No sé cómo explicarlo. Cuánto más sé de ti, más tengo la sensación de que no te conozco.
—No acabo de entenderlo.
—Eres distinta a todos los que conozco. Eres sensata, pero estas a punto de embarcarte en la locura más grande del mundo. Eres capaz de hacer cualquier cosa, pero a la vez tienes miedo de hacerlo. Puedes parecer una persona predecible, pero cuando creo que se cual va a ser lo siguiente que haces más me sorprende, lo equivocado que estoy.
—De verdad, piensas eso de mi —me hizo un gesto con la cabeza. —¿Dime una cosa, dónde crees que vamos?
—¿A la laguna?
—Ves como si soy predecible.
—¿De qué te escondías el otro día? —esa era la pregunta perfecta. Evidentemente no podía responderle.
—Si te lo dijera tendría que matarte —le dije con un toque de humor. Hace varios años, solía escaparme de casa por las noches, para ver las estrellas. Mis padres pensaban que iba a encontrarme con algún chico y mandaban a mi hermano a espiarme. Nunca han entendido que veo allí.

Nos tumbamos en el borde de la laguna, sobre piedras de granito blanco. Podía notar su respiración acompasada con la mía. Permanecimos en silencio un buen rato. No sabría decir cuánto, hasta que sonó mi holonet. Era mi hermano, quería saber donde estaba. Mi madre le había llamado porque no habíamos llegado. Me esperó para entrar juntos y no tener que confesar que nos habíamos separado.

Uriel permanecería solo un día más en Puertonenúfar. ¿Ocurrirá algo entre ellos? ¿Yaritza presentará la inscripción para entrar en Cristalesfera o se arrepentirá a última hora? ¿Por qué Uriel no habla de su vida anterior a Cristalesfera?

Si no habéis visto el booktrailer lo he dejado en la cabecera del prólogo y la ruta la podéis ver en la presentación del libro. He creado un nuevo libro donde iré subiendo extras de la historia. Como por ejemplo que es un holonet. Así que queréis saberlo.

Nos vemos en el siguiente capítulo. Y ya saben comenten lo que quieran y si les ha gustado pulsar en la estrellita. Besos.

Cristalesfera¡Lee esta historia GRATIS!