La noche estaba avanzada cuando Tobio y Miwa llegaron a la casa de los Hinata. Desde el umbral, se escuchaban voces suaves y el olor a té recién hecho llenaba el aire. La señora Hinata era muy atenta.
La puerta se abrió y la señora Hinata los recibió con una sonrisa que se ensanchó al verlos.
—¡Por fin! Ya estábamos preocupadas.
Shoyo apareció detrás de su madre, con el pijama arrugado y el cabello mojado; al parecer se había terminado de bañar. Al reconocerlos se le iluminó el rostro.
—¡Miwa! ¡Tobio! —Dijo Shoyo al verlos a ambos.
Miwa lo atrapó en un abrazo, levantándolo apenas del suelo con facilidad, como si todavía fuera un niño. Era su enano favorito.
—¡Shoyo! Te ves más lindo cada vez que te veo, ¿será cosa del embarazo? —bromeó, con esa chispa carismática que la caracterizaba.
Shoyo se rió, aunque sus mejillas se encendieron.
—¡Ya, Miwa! Me haces sentir raro cuando dices eso.
La madre de Shoyo negó con la cabeza, divertida.
—Igual que siempre... —comentó—. Tú entras a una habitación y ya parece que todo se ilumina.
Miwa sonrió con modestia y luego puso una mano firme sobre el hombro de Tobio.
—Pues vine para dejárselo, señora. No podía permitir que mi hermano cargara solo con todo lo que se le viene encima. Sabe que yo los apoyaré en todo tanto emocional como económico.
—Sabes que mientras esté en mis posibilidades, nunca le faltará un plato de comida a Kageyama.—La mujer sonrió y la pelinegra dio una reverencia.
—Lo sé, pero yo puedo responderle de esa manera. Créame que odie la reacción de mis padres.
Tobio apretó la mandíbula, como si quisiera explicar lo que había pasado en casa de sus padres, pero la señora Hinata le acarició el brazo con ternura.
—No hace falta que digas nada, hijo. Puedo imaginarlo. Lo importante es que están aquí ahora.
Shoyo se acercó a Tobio y le tomó la mano, apretándola con fuerza. Su sonrisa, aunque cansada, le devolvió un poco de calma.
—Ya estás en casa, Tobi.
Miwa los miró a ambos y soltó un suspiro teatral, aunque su sonrisa brillaba sincera.
—Ay, ay, ustedes dos me van a dar diabetes de tanto dulzura. Pero, bueno, sobrinitos —dijo señalando con picardía la pancita de Shōyō—, la tía Miwa ya está aquí para ustedes también.
La señora Hinata rió con suavidad y los guió hacia la sala.
—Vengan, les hice té. Aquí siempre tendrán un lugar.
En ese instante, Tobio sintió cómo todo el peso de la pelea con sus padres se aligeraba. Tal vez había perdido un hogar, pero había encontrado otro que lo recibía con los brazos abiertos.
Sabía que a pesar de todo siempre tendría quienes lo amaran incondicionalmente. Solo le quedaba esforzarse en todo para que todo fluyera como deseaba.
Que todo estuviera bien.
La sala estaba iluminada por la luz cálida del hogar. La señora Hinata sirvió té mientras Shōyō, ya acurrucado junto a Tobio, escuchaba cómo Miwa relataba con gestos exagerados la cara que habían puesto sus padres al oír la palabra gemelos.
—¡No sabes, Shoyo! Papá casi se atraganta con su propia furia. Y mamá... uf, helada como siempre. —Miwa levantó la taza de té con dramatismo, como si brindara—. Pero aquí estamos. Ellos perdieron, nosotros ganamos.
Shoyo se rió, aunque después bajó la vista y acarició su vientre.
—Lo siento... por lo que tuvieron que pasar por mi culpa.
—¡Nada de eso! —Miwa se inclinó hacia él y le revolvió el cabello con cariño—. Estos bebés no son culpa de nadie, son un regalo. Y yo pienso mimarlos hasta que se aburran de mí.
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Punto de quiebre .ᐟ.ᐟ
Fanfiction૮꒰ ˶• ༝ •˶꒱ა ♡ Ser un jugador Omega era un poco complicado y no por el juego en sí. Era extraño estar saliendo con uno de los Alfas de tu equipo aunque no era algo que perjudicara los partidos... Era muy probable que la noticia de una vida creciendo...
