Genial.
Un oso de peluche me estaba robando mi lugar.
Crucé los brazos y la miré en silencio. Sofía, con toda la frescura del mundo, sentada en mi sillón giratorio, acariciaba las orejas del condenado oso como si fuera la cosa más interesante de la oficina.
—Ah, claro —solté con ironía—. El nuevo gerente. Disculpe, señor Oso, por interrumpir su reunión tan íntima.
Sofía ni siquiera levantó la vista.
Ni un pestañeo.
Nada.
Me acerqué un poco, apoyándome en el borde del escritorio, inclinándome lo suficiente como para que mi sombra la tapara.
—¿En serio, Sofía? —le murmuré con media sonrisa—. ¿Me estás cambiando por un muñeco relleno de algodón?
Silencio.
Un silencio que me estaba sacando canas verdes.
Me mordí el labio inferior y suspiré.
No iba a dejar que me ganara tan fácil.
Extendí la mano hacia el osito, como quien arrebata un documento clasificado:
—Muy bien, osito. Tenés cinco segundos de gloria, pero hasta acá llegaste. Yo soy la que va a dormir con ella, no tú.
Sofía por fin me miró… y vaya mirada. Esa mezcla entre “te voy a matar” y “no me vas a ganar”.
—¿Qué? —arqueé una ceja—. ¿Vas a defenderlo? ¿O vas a admitir que te morís de ganas de hablarme a mí y no a este pobre peluche?
La tensión se podía cortar con tijeras.
Y yo estaba empezando a disfrutarlo demasiado.
No aguanté más.
El osito seguía plantado en su regazo como si fuera el rey del lugar y ella… ella seguía ignorándome con esa cara de “digna” que me enerva y me encanta.
Así que, sin previo aviso, me incliné y le robé un beso. Corto, directo, pero con toda la intención de recordarle quién era la que mandaba ahí.
Sofía abrió los ojos grandes, sorprendida, y cuando me separé apenas unos centímetros, sonrió con esa maldita suficiencia suya.
—Dejá que yo haga mis dramas —susurró contra mis labios—. Te aseguro que te convienen.
Yo la miré en silencio un instante.
Porque claro, ¿qué iba a hacer? Esa mujer era un terremoto disfrazado de novia, y encima me decía eso como si me estuviera concediendo un privilegio.
Rodé los ojos, aunque no pude evitar sonreír.
—Dramática, posesiva… y encima charlatána de peluches —murmuré—. Me saqué la lotería definitivamente
Ella se rió bajito, pero me tiró de la camisa para volver a besarme, como si me estuviera demostrando que el oso ya no contaba.
Y bueno… admito que el “drama” empezó a gustarme bastante.
Decidí que si Sofía iba a seguir con su numerito de diva ignorándome, lo mínimo que podía hacer era demostrarle que no pensaba rendirme.
Así que sin avisar, me senté a horcajadas sobre ella en su propia silla de oficina. Sofía abrió la boca para decir algo, pero yo no le di tiempo: la tomé de la cara y la besé con todas las ganas que me había estado aguantando.
El oso quedó aplastado entre nosotras, y a mí me dio tanta gracia que hasta se me escapó una risa contra su boca.
Sofía, por supuesto, no se quedó atrás. En menos de dos segundos ya estaba enredando sus manos en mi cintura y besándome como si todo su dichoso drama se hubiera esfumado.
—¿Y asi te haces la loca dramática? —murmuré entre beso y beso, apenas separándome un centímetro.
—Shhh, —me interrumpió ella, tirándome hacia sí de nuevo—. Ahora no hables.
ESTÁS LEYENDO
Corazón blindado
RomanceTras ser plantada en el altar, Lara decide no volver a sentir, así cerrando su corazón. Todo cambia cuando aparece Sofía, una chica narcisista, divertida y llena de fuego, que desafía sus muros y la obliga a redescubrir el riesgo -y la belleza- de v...
