Cuarenta y seis.

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Sammy

-No fue Stella.-Le repetí a Nate como por onceba vez.

-Sam, Stella está loca, ¿crees que para ella no iba a ser fácil mentirte?.-Él tenía algo de razón.

Stella podía ser muy buena actriz si se lo proponía.

-¿Pero quién puede ser?.-Preguntó Ally, iba llegando de Omaha.

-Tiene que ser alguien que esté aquí, que viaja con nosotros.-Contestó Johnson.

-¿Pero quién?.-Gilinsky también estaba muy confundido, y todos estábamos preocupados.

Salí al patio de la casa de los Jacks, los chicos se habían reunido para hablar sobre el acosador misterioso, Camila con el bebé obviamente estaban aquí y Madison también.

Me senté y los minutos escuché unos tacones acercándose, me di la media vuelta y observé a Madison caminar a mi.

-Hola Mads.-Le dije, ella me sonrió.

-¿Qué haces aquí solo, Sammy?.-Me preguntó, me encogi de hombros.

-Pienso.-Le dije, ella sonrió.

Madison a veces era rara.

-Escuché lo del acosador, que mal. ¿y qué es lo que harán?.-Me encogi de hombros de nuevo.

No sabía que hacer, no tenía ni idea de que hacer.

-No lo sé, me siento tan mal, pensé que todos los problemas se habían acabado.-Suspiré.-¿por qué no podemor see felices?.

Ella río, la miré algo molesto.

-Sammy, las cosas pasan por algo.-Se alejó, esa niña era muy rara.

Seguí afuera un rato, empezaba a meterse el sol y cuando estaba por entrar a la casa, Camila traía al gusano hacía el patio.

-¿Qué haces amor?.-Le pregunté, ella me sonrió.

-Quiero que el gusano conozca el ambiente.-Me dijo, se sentó sobre el césped y me senté junto a ella.

-Es bueno que lo conozca.-La abracé y se recargó sobre mi hombro, mientras cargaba al gusano.

Yo sólo quería ser feliz, y que ellos fueran felices, ¿por qué no podíamos estar tranquilos un tiempo?.

-Te amo.-Me dijo de la nada.-Gracias por todo Sam, se que nos quieres protejer de todo, pero es imposible.

-Te amo aún más.-Besé su cabeza.-Y yo se que puedo protegerlos de todo, no quiero que nada les pase.

El bebé se quedó dormido y era hora de que nos fuéramos a casa. Siguió dormido el gusano hasta llegar a su pequeña habitación y observarlo dormir un momento en su cuna.

-Te amo.-Abracé a Camila por detrás y besé su cuello, escuché un suspiro de su parte.

-También te amo.-Besó mi mejilla.

Caminamos así hasta nuestra habitación y no la solté en ningún momento.

-Te prometo que nada pasará, los cuidare más que a mi propia vida.-Le susurré de nuevo, ella se dio la media vuelta quedando frente a mi.

Me besó, ya lo venía venir, pero me sorprendió un poco. La abracé más a mi y sonreímos en medio del beso.

Sabía que éste beso nos iba a llevar más allá, pues no se sentía como un beso común y corriente. Sentía el amor, la necesidad y todas las demás emociones mezcladas que Camila me transmitía.

Subió mi camiseta y al sacarmela se mordió el labio, sonreí.

-¿Desde cuando no jugábamos así?.-Le pregunté susurrando sobre su cuello, eso le encantaba.

La ropa comenzó a estorbar y nos desisimos de ella con lentitud, guardando el momento en nuestras mentes.

Cameron tenía razón, la maternidad había ayudado a que Camila se pusiera más buena y eso me encantaba.

-Te amo, pase lo que pase.-Me besó en la nariz, besé su frente llena de sudor y ella río.

-No dejaré que nada les pase, te lo prometo, Mila.-Se recostó sobre mi pecho y cerré los ojos.

The Sky isn't the Limit | Sammy Wilk¡Lee esta historia GRATIS!