Llegar temprano a las oficinas un lunes ya es un deporte extremo… pero llegar con Nico pegado a tu lado, hablándome sin pausa, es una competencia olímpica. Él iba al lado mío, repasando el día anterior como si fuera un interrogatorio policial disfrazado de charla casual.
—Entonces… —dijo alargando la palabra mientras abría la puerta para que entráramos—, ¿qué hacías tú con Lara ayer?
Yo solté un suspiro. El ascensor parecía más lento que nunca y sentí sus ojos encima, esperando mi respuesta como si fuera a confesar un crimen.
—Fue una salida con Alina y Lara —respondí con toda la calma que pude, sin mirarlo directamente.
—Ajá… —Nico sonrió de lado, esa sonrisa de “sé que hay más, pero me lo vas a ocultar”—. ¿Y se divirtieron?
—Supongo.
No estaba dispuesta a darle más material para que arme sus novelas mentales. Ayer había sido… interesante, por decirlo suave. Entre las miradas de Lara, sus comentarios y ese extraño equilibrio entre querer molestarme y protegerme, había terminado con la cabeza hecha un lío.
El ascensor llegó y entramos. Nico se acomodó en la esquina y me miró con descaro.
—“Supongo” no es una respuesta.
—Pues es la que tienes. —Me crucé de brazos, mirándolo de reojo.
A veces Nico se cree mi hermano mayor, pero la realidad es que disfruta demasiado de pincharme con este tipo de temas. Y lo peor es que conoce a Lara, así que cada pregunta suya es como si buscara confirmar una teoría secreta.
El ascensor se detuvo y antes de que saliéramos, Nico soltó:
—Yo creo que Lara se puso celosa ayer.
—¿Celosa? —repetí arqueando una ceja.
—Ajá. Justo apareció tu nueva conquista y yo llegué diciendo “mi amor”. —Puso voz exageradamente romántica para imitarme, como si no fuera suficiente tortura recordármelo.
—No me lo recuerdes —gruñí—. Sigo enojada contigo por eso.
—Por favor… —Nico rodó los ojos—. Eso es lo que siempre hacemos, mentir para espantar a mis conquistas… o a las tuyas.
—Sí, pero no con Lara enfrente. —Le di un golpe en el brazo con mi carpeta.
—¿Y por qué no? —preguntó con un tono cargado de malicia.
No le respondí. No le iba a dar el gusto.
Caminamos por el pasillo hacia las oficinas y yo intentaba no pensar en la expresión de Lara ayer… esa mezcla de mirada afilada y sonrisa contenida. No sabía si había sido celos, incomodidad o ambas cosas al mismo tiempo, pero lo cierto es que me había descolocado.
—Ay, Sofi… si yo fuera ella, también me pondría celoso de mí —dijo, guiñándome un ojo.
—Por favor… —bufé—. Ni en tus mejores sueños.
—Mis mejores sueños incluyen una cafetería, croissants y que me dejes de mirar así cada vez que pronuncio el nombre de Lara.
—¿Qué mirada? —pregunté, fingiendo inocencia.
—Esa que parece decir “cállate si quieres vivir”. —Se llevó la mano al pecho como si lo hubiera herido—. Qué ingrata, después de todos estos años de amistad.
—No es ingratitud, es autopreservación.
Él soltó una carcajada y empujó la puerta para que entráramos. Seguíamos intercambiando pullas cuando entro mi recepcionista.
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Corazón blindado
RomanceTras ser plantada en el altar, Lara decide no volver a sentir, así cerrando su corazón. Todo cambia cuando aparece Sofía, una chica narcisista, divertida y llena de fuego, que desafía sus muros y la obliga a redescubrir el riesgo -y la belleza- de v...
