Punto de vista: NIKA
El tiempo no existía para él. Siglos se disolvían en un parpadeo, milenios en un suspiro. Ahora, sin embargo, el reloj latía con la frenética pulsación de un corazón joven. Dentro de la oscuridad impuesta por su propia voluntad, Nika observaba. No con ojos, sino con una percepción que trascendía la vista, sintiendo cada risa, cada lágrima, cada golpe que aquel pequeño cuerpo experimentaba.
El niño era... ruido. Un huracán de emociones, un torbellino de sueños. Luffy. Un nombre tan simple, pero tan cargado de una inocencia salvaje. Nika había esperado el silencio, el vacío, la resignación. Pero este chico no sabía lo que era rendirse.
> "Gritos... risas... peleas... ¿quién es este niño? ¿Por qué no se rompe?"
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Sentía la ambición de Luffy, la desmedida aspiración de ser el Rey de los Piratas. La idea le parecía absurda, casi una burla. El mundo no quería reyes, quería esclavos. El mundo no buscaba libertad, sino control. Joy Boy lo había aprendido de la peor manera.
El recuerdo de los bandidos, la sangre derramada, el brazo de Shanks... Nika lo sintió todo. Una punzada de algo parecido a la ira, a la impotencia. Era un dios, o al menos lo había sido, pero estaba atrapado. Observaba cómo un niño pagaba el precio de una inocencia que él mismo había perdido hacía eones.
> "Dolor... mucho dolor. ¿Por qué lo soporta? ¿Por qué no llora? ¿Por qué sigue sonriendo?"
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Cada vez que Luffy estiraba su cuerpo como goma, Nika sentía un eco lejano de su propio poder. Era una conexión extraña, casi violenta. Se había escondido, sí, pero la cercanía de esa alma pura lo perturbaba. El "D" resonaba, una señal, una marca que se negaba a aceptar.
Luego vino la isla desierta, el entrenamiento brutal con Ace y Sabo. Las caídas. Los golpes. Las promesas. Nika sentía cómo la resistencia del niño crecía, no solo físicamente, sino en su espíritu. Luffy no solo sobrevivía, florecía en la adversidad. Era irritante. Fascinante.
> "Lo protegen... se caen... se levantan... ¿qué es esto que sienten? ¿Amistad? ¿Hermandad? No recuerdo eso."
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Y entonces, el momento crucial. Un puñetazo. Un gorila del que Nika se había burlado internamente por su lentitud. Luffy, sangrando, exhausto, pero con los ojos aún encendidos.
> "Se niega a perder. No se rinde. Como si la derrota no fuera una opción."
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Nika sintió una fisura en su armadura de indiferencia. Una pequeña, casi imperceptible grieta. Era solo un niño, un mocoso imprudente. Pero había algo en él. Una chispa. Una luz.
> "No. No me arriesgaré. Aún no. Demasiado pronto para la libertad. Demasiado pronto para que lo rompan."
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Se encogió más, intentando desaparecer por completo. La oscuridad era su refugio. Pero, por primera vez en siglos, la oscuridad no se sentía tan segura.
Narrador Externo
El tiempo, inexorable, continuaba su marcha sobre la cabeza de Luffy. Los años pasaron en Villa Foosha, tejiendo la red de su destino con hilos de goma y sueños. El pequeño pueblo, un remanso de paz en el vasto y peligroso East Blue, fue el crisol donde la esencia del futuro Rey de los Piratas se forjó, a menudo entre golpes y risas.
Luffy creció, ajeno al dios que habitaba en lo más profundo de su ser. Para él, la Gomu Gomu no Mi era simplemente la fuente de su peculiar elasticidad y la razón por la cual no podía nadar, una frustración constante pero nunca un impedimento para sus fantasías de aventura. La figura de Shanks, el pelirrojo, se mantenía como un faro en la lejanía, la promesa de una gorra de paja devuelta y un mundo de libertad por conquistar.
Mientras Luffy se entrenaba, caía y se levantaba, la fruta en su interior, o más bien el espíritu de Nika, observaba. No había intervención, ni susurros de sabiduría ancestral. Solo una pasividad impuesta por siglos de desilusión. Nika se había prometido a sí mismo no volver a ser un peón, no volver a encarnar para ser encadenado una vez más. Había visto la caída de imperios, el fracaso de héroes. Había sentido el peso de la desesperación de Joy Boy. La libertad, para Nika, se había convertido en una condena.
Sin embargo, el niño, Luffy, era diferente. Su espíritu no conocía el significado de la rendición. Su determinación no era una estrategia, sino una parte intrínseca de su ser. Los golpes que recibía, las lágrimas que derramaba, el hambre que padecía, no hacían más que alimentar su fuego interno. Era una paradoja andante: un ser cuyo cuerpo era de goma y que, por tanto, debía ser moldeable, pero cuya voluntad era de acero inquebrantable.
Nika, el dios del sol olvidado, se había refugiado en la penumbra, esperando el fin de los tiempos o el colapso del universo. Pero Luffy, con su risa descarada y su insistencia en perseguir lo imposible, estaba haciendo más que simplemente vivir. Estaba despertando algo.
El momento de la partida de Luffy se acercó. La despedida de Ace y Sabo, las promesas de reencuentro en el mar, el pequeño bote que se alejaba de la orilla. El corazón de Nika, o lo que quedaba de él, sintió una punzada extraña. No era miedo, ni alegría. Era... expectativa.
El mundo fuera de Villa Foosha era un lugar de piratas, de Marines, de tiranos y de sueños rotos. Era el lugar donde los héroes caían y los dioses se escondían. Pero también era el lugar donde un niño con una gorra de paja iba a zarpar. Y el dios de la liberación, atrapado en un cuerpo de goma, solo podía observar y esperar. El sol aún no había salido para Nika, pero en algún lugar, en el horizonte de aquel niño, una nueva a
urora comenzaba a despuntar.
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Historia sin título
RandomSolo entre y espero que les guste los personajes no son de mi autoría todo nuestro gran a otra sensei
