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9. Pilotando con Uriel

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Ver llorar a Saphi me había dejado tocada. Siempre había pensado que tendría tiempo y que encontraría a alguien, pero lo cierto es que conocía a todos los chicos de mi edad de la colonia. Y con ninguno de ellos me he imaginado teniendo algo más. Estaba tan ensimismada en mis pensamientos que no me había fijado en Uriel. No era la primera vez que permanecía en silencio, pero en ese momento era muy incómodo. No era capaz de mirarle, en su lugar miré al metal del ascensor que había al otro lado. Se reflejaba y pude ver su cara, estaba serio, muy serio, como si estuviera enfadado por algo. ¿Estaría enfadado conmigo? Por haberle mandado a mi hermano. ¡Oh Dios mío!, ¿qué le habría dicho? El ascensor se detuvo en el menos uno y me cedió el paso.

Caminamos juntos hacia el hangar, el camino de apenas cien metros se me hicieron kilómetros. Nos detuvimos en la puerta y él la abrió y atravesó la puerta primero y la sujetó desde centro para que no se cerrará, cuando entré la cerró detrás de mi. La situación empezaba a sobre pasarme, estaba a punto de salir corriendo cuando...

—¿Te encuentras bien? —me preguntó en un tono más frío de lo habitual..
—Si —le respondí, sin ser capaz siquiera de devolverle la pregunta.
—Necesito que estés al cien por cien. Tenemos poco tiempo.

¿Dónde se había metido el chico encantador de los otros días? Se encaminó hacía el minisubmarino que teníamos delante, lo abrió. No se dio la vuelta, menos mal, porque tuve que reaccionar rápido para secarme las lágrimas que acaban de saltar de mis ojos.

—¿Nunca has pilotado este tipo de submarino, verdad?
—No —intente decir lo más bajo posible para que no notará en mi voz las lágrimas de mis ojos. En realidad, ni ese ni ningún otro.

Había decidió estar frío y cortante conmigo cuando más necesitaba que no lo fuera. Estaba asustada, me aterraba pilotar.

—¿Te has montado alguna vez?
—No

Había montado en sus hermanos mayores, pero nunca me había montado en este tipo de biplazas. En el que los dos asientos estaban colocados uno delante del otro. Se podía pilotar desde cualquiera de las dos posiciones. Eso me tranquilizaba saber que si no podía controlarlo lo haría él.

—Súbete delante.

Me coloqué en el compartimento de delante y él se arrodilló al lado del submarino. Había conseguido dejar de llorar y como tenía la mirada fija en el submarino tampoco pareció darse cuenta.

— Supongo que sabrás cómo funciona un submarino. En ciencia básica, si el submarino es más ligero que el agua sube, si es más pesado baja. Todo se controla desde el volante, con estos cuatro botones que hay en esta parte —dijo señalando la parte izquierda—. Los dos de la izquierda sirven para llenar los tanques de aire comprimido. El de arriba para el de proa y el de bajo para la popa. Esto sirve para subir. Y para bajar usamos los otros dos, que permite llenar los tanques de agua. ¿Está claro, no? —le hice un gesto con la cabeza—. El volante nos permite acelerar, empujando, frena, tirando de ella y girar, ya sabes girándola. De momento del resto de botones y palancas y demás olvídate. Ya lo aprenderás cuando entres.
—Si es que entró —le susurré. Uriel no se molestó ni siquiera en responderme.
—Vamos con las pantallas.

Estaban situadas justo por detrás del volante y por debajo de la zona de visión del horizonte, había indicadores de todo tipo...

¡Como había podido meterme en esto! Era lo único que podía pensar mientras que él habla sin parar.

—En esta de aquí podemos ver la profundidad a la que estamos, densidad del agua, etc. De momento, centrémonos solo en la profundidad. En esta segunda, es un GPS, aquí tendrás que configurar una ruta que te facilitaremos. Es muy fácil, metes la lista de coordenadas y le das a guardar e iniciar. Y cuando estés en ruta te ira indicando si te sales y tal. En esta otra tenemos la información del radar nos indica si hay obstáculos alrededor. Y por ahora con esto es suficiente. ¿Lista?

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