Capítulo 31 🦋

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El aire olía lluvia y a despedidas. Aquellos finales que uno nunca elige. Si me hubieran dado la oportunidad de volver atrás, lo haría sin miedo, porque volvería a recuperar a aquella niña que se perdió.

La luz de la luna ilumina mi camino, mis pasos dejan huella, mientras que mi mirada está perdida. Nunca pensé en llegar a estar aquí, supongo que el tiempo lo ha decidido.

Me siento en una pequeña piedra y me quedo mirando su foto. Una sonrisa aparece en mí, no sabía cuánto le iba a echar de menos hasta que la llegue a perder. Me arrepiento de no haber aprovechado los momentos al máximo, pero siempre, se quedarán en mi aquellos que están tatuados en mi piel como fuego.

- Hola yaya – sonrío – Te echo de menos ¿sabes? Echo de menos tus consejos, la forma de hacerme reír, la forma que tenías de vivir la vida – susurro – Me gustaría que estuvieras aquí, ya que hay momentos en los que dudo de mí misma – reconozco – aunque sé que debería de ser fuerte.

Con el paso del tiempo una de las lecciones que más me di cuenta es que madure no por edad, sino por todos los problemas que acumule. Me arrepiento de nunca haberlo hablado en voz alta, supongo que fue el miedo al qué dirán, pero lo peor que llegué a hacer es que conseguí perderme a mí misma.

- Están siendo unos días muy raros – me río – Estoy volviendo a ser yo y me da miedo. Miedo por volver a caer en aquel agujero del que tanto me ha costado salir. Miedo de no ser feliz. Miedo de volver a todo lo que viví – susurro – Pero hay una parte de mí, que sabe que no pasara eso.

Tantos miedos, tantas inseguridades que nos hacen ver que estamos mal. Tantos silencios callados. Tantas palabras que nunca llegamos a decir. Tantos problemas que nunca llegamos a resolver.

Nunca llegaron a tener respuesta cada pregunta, cada pensamiento y a día de hoy sigo preguntándome ¿Por qué yo?

- Conocí una chica – sonrío – Se llama Sheila, es super buena persona, ¿sabes? Más que una amiga, la considero como una hermana para mí, aquella que siempre está en los buenos y malos momentos, aquella que te hace reír y que se preocupa por ti – susurro – Ojalá la pudieras conocer, seguro que os hubierais llevado super bien

Nunca llegue a pensar que llegaría a tener de nuevo amistades. Nadie me quería a su alrededor por ser rara. Siempre he estado sola y aunque me acostumbre, ella llego a hacerme ver que las verdaderas amistades pueden existir.

- He sanado mis heridas, yaya – reconozco – aunque me de miedo admitirlo, estoy orgullosa de poder haberlo conseguido. Soy más feliz y me siento mejor conmigo misma y todo eso, es gracias a ti – me acerco y paso mis dedos por su foto – Nunca te olvidare yaya, siempre formaras parte de mí, siempre serás aquella estrella que más brilla, porque eres única. Siempre estarás en mi corazón.

Lagrimas recorren por mis mejillas. Más que un adiós se siente como una despedida, aquella que sabrás que no podrás volver a ver ni abrazar.

Nunca me llegaron a gustar las despedidas, ni tampoco decir adiós. Es como si se fuera una parte de mi con ella. La echare de menos, pero tengo que aprender que para sanar mis heridas tengo que enfrentarme a aquel dolor que me atormenta día y noche.

EL ultimo que me faltaba era este. Siempre permanecerá en mí, es mi abuela y creo que nunca llegare a aprender, a cómo vivir sin ella. Pero debo seguir, por ella y por mí, porque sé que a ella no le gustaría verme así.

Coloco mi ramo de flores encima de su lápida. Paso mis dedos por su foto y por las palabras que les puse aquel día.

- Te quiero yaya – sonrío

Me alejo de aquel lugar con una sonrisa, mirando aquella estrella que ilumina mi camino y hace que continue adelante. No me despido con tristeza sino con alegría, porque sé que siempre va a estar ahí, aunque sea de forma distinta.

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